El balance del período inaugurado en octubre de 1982, contemplado desde el presente, resulta muy positivo en múltiples aspectos, inaugurando un largo ciclo de gobiernos socialistas. Sin embargo, la dinámica de los desgastes políticos no hizo posible volver a alcanzar mayorías electorales y parlamentarias como la del 82. Al menos hasta el momento.

En el éxito de 1982 intervinieron muchos factores: el punto muerto al que se había llegado con los gobiernos de la UCD, el clima de tensión y de percepción de riesgos de inestabilidad, los deseos de una amplia mayoría de los españoles de un cambio de ciclo político, la presentación de un buen programa electoral en el que se acertó a sintonizar con las demandas de cambio de la población, un liderazgo acreditado y muy respetado y, por supuesto, la organización y realización de una buena campaña electoral en la que todos los elementos anteriores fueron dinamizados y catalizados convenientemente hacia el triunfo final en las urnas.

Como generalmente ocurre en estas cuestiones, cuando los posos de la historia se sedimentan, muchos de los hechos del pasado son valorados desde el presente de una manera bastante más positiva. Incluso mucho más positiva de lo que fueron en el pasado. Así ha ocurrido en España con el papel de Adolfo Suárez y de Felipe González, tan denostados en su día.

Precisamente con motivo de este aniversario, algunos medios de comunicación han realizado encuestas que muestran cómo una mayoría muy amplia de la población –incluso entre los sectores conservadores– valoran muy positivamente el papel desempeñado por Felipe González en el período inaugurado en 1982. Más peculiares y matizadas resultan, sin embargo, las opiniones de los ciudadanos sobre cuál ha sido el mejor Presidente de Gobierno de la democracia: en primer lugar, se cita a Adolfo Suárez, con casi un cincuenta por ciento de las referencias; a continuación aparece Felipe González, mencionado por la mitad de los encuestados que Suárez; en tercer lugar, José María Aznar, con el apoyo de la mitad, de la mitad anterior; y, en último lugar, siguiendo prácticamente esta “misteriosa secuencia” de aminoraciones del 50%, José Luis Rodríguez Zapatero, bastante por debajo del 10%. Lógicamente, algo tiene que ver el paso del tiempo y el distanciamiento de los contenciosos políticos cotidianos con esta secuencia regresiva. ¿Pero, estamos seguros de que se trata sólo de una cuestión de tiempo? Quizás merecería la pena que en las próximas semanas intentáramos profundizar en las razones de esta peculiar secuencia.