Max Lemcke, su director, prefiere definir “5 metros cuadrados” su tercer trabajo por lo que no es. “no es una película de aventuras, aunque tiene momentos de acción, no es una película romántica, aunque hable de amor, y no es una comedia, aunque tiene muchas dosis de humor”.El resultado obtenido es equilibrado, muy satisfactorio, entre comedia y drama logrando presentar una realidad conocida y no por ello menos cruel.

No se si es la intención de su autor, pero es un retorno al cine más realista de los años cincuenta, de ese cine español que con sencillez, sin grandes florituras ha contado las dificultades del ciudadano anónimo por sobrevivir. Es una clara evocación a películas como “El inquilino” de José Antonio Nieves (1957) o “El pisito” de Marco Ferreri (1959) con un magnífico guiondel maestro Azcona.

La triste actualidad de la problemática inmobiliaria, las hipotecas, la corrupción que acompaña a este sector con sus famosas recalificaciones se aborda en esta historia de manera directa teniendo de protagonistas a la pareja formada por Alejandro (Fernando Tejero) y Virginia (Malena Alterio) los cuales creen tener todo planeado, y como la vida real es tan sólo un deseo. Se quieren casar en un año, y ya han pagado la entrada de un piso de promoción en la urbanización Señorío del Mar, un apartamento con vistas en el que establecerán su hogar. Desgraciadamente, el relato desemboca en la historia de una pareja joven estafada por unos especuladores sin escrúpulos, pasando de la ilusión a la frustración que queda ante los deleznables acontecimientos.

Fernando Tejero está soberbio, en un sorprendente giro dramático que le convierte en todo un actor fuera del género que nos tiene acostumbrados. Malena Alterio, da la talla a nivel interpretativo, sabe contenerse en un segundo plano, muy beneficiada por la evidente química que destilan juntos gracias a lo acostumbrados que estamos a verles como pareja. Pero logran dotar a sus personajes de credibilidad desde la bondad, inocencia, honradez y sobre todo la impotencia y desesperación que la situación reclama.