Esta película confirma que hay actores que siguen siendo un poderoso foco de atracción para ir al cine, aunque luego te arrepientas. Al Pacino, por méritos, trayectoria y maestría es una magnífica tarjeta de presentación para atraernos irremediablemente a ver cualquier film. Al margen de las críticas, como es el caso, tan destructivas.

Mick La Salle del “San Francisco Chronicle” decía: «Una película que pretende ser seria pero que realmente no puede ser tomada en serio». Kyle Smith del New York Post afirmaba,»88 minutos es demasiado larga. Te mantiene en un estado de sumo suspense, preguntándote hasta el último minuto… si es la peor película que jamás haya hecho Al Pacino.»Y para acabar Javier Ocaña de El País sentenciaba con lo siguiente, «Es probable que se trate de la peor película que se haya filmado en el cine reciente por parte de una productora de Hollywood, con un director reconocido y una estrella como protagonista. (…) gloriosa comedia involuntaria». Con todas estas críticas demoledoras, no pudieron disuadirme de no ir a ver a uno de los mejores actores del mundo.

Nos cuenta que el profesor de universidad Jack Gramm (Al Pacino), que también trabaja como psiquiatra forense para el FBI, recibe una amenaza de muerte en la que le quedan sólo 88 minutos de vida. A partir de ahí las convenciones estéticas y narrativas se suceden y Al Pacino despliega su saber interpretativo con la ausencia de dirección y de ritmo narrativo tan imprescindible en este género cinematográfico. El espectáculo en ningún momento es sórdido ni angustioso, característica que convierte la película en un pasatiempo al menos agradable. Aunque en absoluto recomendable.