Y pienso yo que los ministros deberían de tener la misma garantía que una plancha o una lavadora. Como mínimo. Algo así como ministro “dequévas”. Estoy seguro que Rajoy a todos les preguntó ¿Y en el ministerio que harás? Y ellos le contestaron muy modosos, “dormir y callar”. Pero luego no. Oye. Y están toda la noche en un desvelo con la trastada para mañana. Y en lugar de callar, cada vez que abren la boca encallan la sensatez. De ser yo Presidente me diría… pues cómo te lo explico… que cualquiera se equivoca. ¿Qué no funciona? Pues sin dramas. Coges al paquete que desempaquetado continuó siendo un paquete, le quitas el empaque (que total “pa` qué”), lo vuelves a envolver y lo devuelves a capilla a vuelta de correo. Que de todo hacemos una remodelación ministerial (Instrucciones de uso: entonar en chulapo madrileño versión “Verbena de la Paloma”). En fin, como devolverlo al chiquero está por lo breve descartado, y ya entrando a banderillas, parece que están pensando una campaña para “en mejorar” su imagen, al parecer algo disminuida por el ejercicio propio y ajeno. Tal y como lo leen las niñas de sus ojos. Quieren lavarle la cara a Wert. Será difícil. Hay mucha por lavar. Para su política de educación será precisa una “karcher”. Solo el agua a presión podría levantar tanta roña conservadora y clerical que acumula en tan poco. Pero volviendo a la “misión imposible” y por curiosidad, me meto en la “web” para ver de qué va el lavado de cara. No se inquiete que comparto.

Leo que para lavarse la cara hace falta agua, jabón, manos y cara. El resto del cuerpo, aunque imprescindible, es accesorio a la cuestión. Cosa importante: la piel. Hay cinco tipos básicos: cutis graso, normal, seco, de político y de banquero. Para el graso lo ideal es lavarse la cara tres veces al día. El normal hay que ir probando cómo de normal, pero por lo normal recomiendan lavarse normalmente la cara dos veces al día. Salvo fiestas de guardar y jornadas preelectorales. El cutis de político, la cuestión es delicada. Importa tanto el lavado como la intensidad del enjuague. El Ministerio de Educación se reunió con el clero para pactar la ley. Costó una segunda vuelta de pregunta para que confesaran el enjuague… Y, paradoja paradoja, con tanto enjuague va ser difícil de lavar la imagen del ínclito. Los banqueros, en España, hoy por hoy, antes de lavarlos hay que ponerlos en remojo.

No quisiera ser totalmente negativo con Wert. Tiene sus ventajas. La reina, acompañada del futuro exministro, escuchó una sonora pitada en el homenaje a Teresa Berganza. Bueno, todos se la atribuyeron a Wert. Que también. Unos días más tarde la reina escuchó una sonora pitada y abucheos al entrar en el auditorio. Dicen que pidió saludar el futuro exministro. Su “disculpe que le moleste” fue cuando le pasaron a Wert por teléfono, sorprendido de que le llamaran a casa para saludarle. Desde entonces, dicen las malas lenguas, en la real casa se pelean para que les acompañe el futuro exministro a todas partes.

La justicia en España está de fábula. Observo admirado con que agilidad funciona el sistema de garantías. Al parecer, un honesto trabajador de banca fue enviado a provisional así por las malas. Rápidamente la justicia a una se puso en marcha y fue un visto y no vista. Como en lo pasado no entra, de ésta se escapa con prensa y cobertura. Qué gusto una España con todos igual de jodidos y, por no generalizar, otros igual de iguales ante la Justicia, la Educación o Hacienda. Algunos jueces buenos dicen que el Rey no tiene más derecho al honor que los demás ciudadanos. Son los cortocircuitos entre democracia y monarquía. Entre plebeyos y villanos les estamos dando el reinado. ¡Qué noches las de aquellos días!

A la Infanta le adjudican más propiedades que al vino y el aceite juntos. Montoro, lo explica con un “nosequeseyo”. Los curritos de la Agencia Tributaria se quejan de que no les dejan mirar “lo qué” de “quién”. Y ahí la explicación. Enviaron el informe y no lo comprobaron, dado que no podían mirarlo. Y en el “no me mires, no me mires, déjalo ya” lo enviaron sin maquillaje, je. Y quedó todo demasiado vulgar, para qué al juez le pueda gustar. ¿Encarna, dígame? Pues eso. El Ministerio envió el informe al juzgado por el método de “doble ciego”. Sombra aquí y sombra allá. A eso viene lo de los fantasmas, Montoro y su ulular. Surge siempre que frotas Hacienda, políticos y Casa Real. Cacofonías.