La razón es que el Partido Popular ya responde con prontitud, rapidez y proporción. Por amor a la simetría, a los escandalos de corrupción responde montando una escandalera. Tal algarabia, que en el río revuelto de los ruidos se nos escapan las autenticas nueces. Para Rajoy el acento no está en el posible uso torticero del poder político, empleado en beneficio propio y de otros ajenos. El Partido Popular se preocupa del posible uso electoral; de lo público que resulta una investigación judicial. En cierto sentido tienen razón. Parece de mal tono maltratar la imagen de tanto traje y corbata. Hacer públicos asuntos que con tanta discreción se llevaron. Pero las escuelas políticas, como las escuelas de pintura, terminan haciendo parecidas figuras. Unos “pintas” con buena “Pinta” a los que por fin “pintan bastos”. O no. Gente tan “pinturera”, aunque corruptos no se ponen “pintones” con facilidad. Además, cuando se destapa un pinta el PP envia en ayuda a “la Niña” y “la Santa María”. Son navíos de altura, para aguas turbulentas. Y bregadas. La “santa María” un día entró en su garaje y encontró un deportivo de lujo. “Qué cosas tiene mi marido” pensó moviendo la cabeza. Y claro, no le pregunto nada, por sí los jueces.

La realidad es que si arrojamos el escándalo en la ciénaga que resulta la “policonomía” (“palabro” que resulta de la simbiosis entre políticos y empresarios de éxito) valenciana obtendremos magníficas muestras de lo que hablamos. “Yo estoy en política para ganar dinero”. Lo dijo un alcalde, después presidente de la Comunidad, seguido de Ministro y finalmente, ganando lo incontable como ejecutivo de una empresa de postín. Los jueces dijeron que la grabación era ilegal y aunque existía, no existía y por lo tanto desistían de higienizar la vida política. La lógica cuántica (ya saben, lo del gato y la caja) es esencial en derecho. Ese era el principio. Ahora con la perspectiva completa y empírica de la carrera política realizada podemos comprobar que efectivamente, su empeño económico en el desempeño de la política le llevo a ganar muchisimo dinero con poco o ningún trabajo. Reconozcamolo y quitemosnos el sombrero. Los difíciles inicios le curtió lo suficiente para poder seguir limpiando sin huellas. Son sus admiradores y familia política (en el sentido militante de la palabra) los que ahora nos ocupan y entretienen. Hay políticos honestos, no es solo cosa de “meigas”. Lo que sucede es que demasiados, tarde o temprano, terminan dando el cante. Y si vive en provincias no se extrañe que de Madrid vengan palmeros, con cascabeles y castañuelas, montando jarana para tapar tanta triquiñuela.

No quiero despistar. Aquí no hay denominación de origen. La “corrupción policonómica” marida perfectamente con butifarra catalana, ensaimada mallorquina, callos a la madrileña y tantos platos ricos. Ya lo dije. Esto es cosa de ricos que compran miserables, que no miseria. Dice el Boticario: “es mi pobreza quien te lo vende”. A lo que Romeo responde, al adquirir el veneno, sin la menor ironía: “es a tu pobreza a quien pago honrado boticario”. No, no es para salir de pobres. Es para llegar a ricos. No hay excusa moral. Los falsos políticos, que venden lo de todos, no merecen cobijo ni amparo. Da igual el partido político en el que se camuflen.

Como investigador de lo político, siempre me pareció llamativo el pudor con el que se trata a los ricos y la riqueza. Hace mucho tiempo, décadas, se pidió que se hicieran públicas las declaraciones de Hacienda de banqueros y otros de guardar. La respuesta fue que no era posible, corrían el riesgo de ser secuestrados y debían ser protegidos. Ahora aparece la famosa lista de los 3000. Los héroes de las termopilas fueron 300. Deben de ser más los estafadores. Un héroe por cada diez delincuentes sinvergüenzas me parece un ratio históricamente bajo. Los servicios secretos españoles, que existen y nos protegen como Estado, podrían ocuparse de las amenazas a la seguridad económica del país. Empezando por los paraisos fiscales. Pero volvamos a la cuestión de los ricos y sus riquezas. ¿Cuándo van a publicar la lista de los estafadores, sinvergüenzas, delincuentes y evasores? ¿No tenemos derecho los españoles que les abrimos las puertas, tomamos nota de sus llamadas, le servimos en los restaurantes, limpiamos sus yates, les llamamos Señoría o Ilustrísima, a poder decir, al menos para los adentros: menudo sinvergüenza documentado? Que les obligen, si es que se puede, a pagar. Como vimos líneas arriba, para la justicia lo que existe en ocasiones no existe cuando su obtención ha sido por medios cuestionables. Pero también, y esa la pagarían de seguro, con su fama, su imagen pública y su prestigio. Como ciudadanos tenemos derecho a saber.