¿POR QUÉ HA PERDIDO EL PSOE?

Las cuatro razones políticas que yo apuntaba sobre la derrota pasada de Felipe González, y de la que se podía augurar a Rodríguez Zapatero (por candidato interpuesto en esta ocasión), en realidad se podrían reducir a una sola: el alejamiento de los líderes del PSOE de lo que desean, sienten y piensan sus electores potenciales.

La cuestión, así enunciada, puede parecer simple, y sencilla de entender. Sin embargo presenta sus complejidades, como todo en política. De ahí que, para emprender una rectificación rigurosa, coherente y creíble, el PSOE necesite inexcusablemente un debate de gran alcance y profundidad. Un debate que la opinión pública pueda entender que responde a un esfuerzo de verdad, que vaya acompañado de una presentación pública (de la rectificación) de suficiente impacto mediático.

Es decir, los votantes desencantados del PSOE tienen que ver que el PSOE se está tomando las cosas en serio, y que los cambios que va a emprender son cambios auténticos y no un mero apaño para salir del paso e ir tirando como sea hasta las próximas elecciones.

EL “DEBATILLO”

La inmensa mayoría de los españoles, y gran parte de los afiliados del PSOE, entienden que este partido necesita en estos momentos un gran debate político y no un simple “debatillo”, realizado casi a escondidas, deprisa y corriendo.

De ahí la perplejidad, y frustración, que produce la manera en la que se ha convocado el próximo Congreso. Hasta que ha pasado la sesión de investidura, en el PSOE prácticamente no se han dado signos de que se esté realizando ningún debate político que merezca tal nombre. Inmediatamente despué, no parece que en Navidades, Año Viejo y Reyes vayan a celebrarse grandes debates ni convocatorias genuinamente participativas.

Por lo tanto, el eventual debate del PSOE comenzará en el mejor de los casos, después del 7 de Enero y se prolongará apenas durante poco más de un par de semanas ¿Qué impresión van a obtener los votantes desencantados del PSOE de este “debatillo”? Desde luego no muy buena. La impresión predominante será que ha sido “muy poca cosa” para la envergadura de las cuestiones que están encima de la mesa. Y, desde luego, no faltaran los que opinaran que tal forma de proceder es un tanto chapucera.

CHAPUZAS

Entre las causas que yo citaba en el artículo de 2010 – a priori – sobre la previsible debacle del PSOE, hay un elemento que no me atreví a mencionar entonces, en gran parte para no ser hiriente, ni caer en descalificaciones inoportunas sobre personas y lideres a los que desearía tratar con el máximo respeto y consideración. Se trata de algo que diferencia las causas del desgaste de Felipe González y las de Rodríguez Zapatero.

El hecho es que sobre el último ciclo de gobierno Zapatero se fue extendiendo una impresión de improvisaciones, oscilaciones, chapuzas y poco rigor en la toma de decisiones políticas. Así, por ejemplo, en las encuestas se reflejaba una percepción muy mayoritaria de que el gobierno no tenía un plan para salir de la crisis, sino que iba improvisando sobre la marcha. Obviamente, se trata de una percepción injusta, que no tiene en cuenta las circunstancias y condicionantes que han influido últimamente en la situación política y económica de España. Pero, injusta o no injusta, lo cierto es que se trata de una impresión que al final estaba bastante asentada y arraigada. Una impresión que durante años había sido propiciada y abonada por no pocas oscilaciones, cambios y medidas y contra-medidas poco meditadas, con sus correspondientes costes en la imagen de fiabilidad y credibilidad.

Este no es un problema pequeño, ni fácil de remontar. La credibilidad y fiabilidad de un partido político es algo difícil de ganar, que exige esfuerzos constantes y dilatados en el tiempo. Sin embargo, aunque la credibilidad se gana lentamente, se puede perder con gran rapidez. Esto es precisamente lo que le ha ocurrido al PSOE, y si no se entiende bien el problema será difícil que empiece la recuperación. El PSOE ha perdido gran parte de su credibilidad como partido serio y fiable. La credibilidad, y a veces incluso el respeto, hasta el punto que el PSOE ahora aparece en las encuestas como el partido que concita el mayor grado de rechazo a priori, con más votantes que afirman que es el partido por el que no votarían nunca.

En tal sentido, la forma en la que se ha convocado el próximo Congreso no ayuda, precisamente, a superar este problema. Lo único que podría salvar, al menos en parte, la mala impresión, es que el resultado objetivo del Congreso pudiera ser valorado por todos como especialmente positivo, en términos de capacidad de integración y de expectativas inmediatas de desarrollar, en la debida manera, el gran debate político que se necesita.

TRABAJAR CON RIGOR

¿Cómo superar la inercia de las sensaciones de chapuza e improvisación? La sensación de improvisación se podría combatir con un programa bien articulado y claro y con un trabajo metódico y programado. Algo más difícil será superar el cliché de la chapuza, debido a que ciertas formas de operar han penetrado por múltiples ámbitos y rincones de la vida cotidiana, cuyos efectos se notan en el día a día. Y se continuaran notando durante algún tiempo.

Estas últimas semanas le he estado dando vueltas a esta cuestión, a medida que me encontraba en mi vida cotidiana con asuntos caracterizados por formas y métodos poco rigurosos de proceder. Por ejemplo, con la llegada a mi casa de los impresos del semi-censo de población (también mál enfocado en su ejecución práctica y no solo en su transformación en una simple encuesta muestral), con la “lucha” con una multiplicidad de impresos, informes y formularios en red, que a punto están de volvernos locos a los docentes universitarios (y supongo que de otros campos), con ejemplos múltiples de rigideces y fetichismos informáticos que excluyen, por simples errores (imputables a quienes preparan las aplicaciones informáticas y a quienes hacen normativas injustas y disparatadas), a personas capaces, a quienes truncan alegremente sus posibilidades humanas y profesionales. Personalmente he de confesar que tales despropósitos, chapuzas e injusticias me irritan de manera especial. Por mucho que tenga en alta estima a algunos responsables ministeriales. Pero los hechos son los hechos y, a veces parece como si todos nos hubiéramos vuelto un poco tontos y nos dejáramos atrapar y controlar por fetichismos informáticos y normativos, entrando en una espiral de cambios reglamentarios que no parecen tener fin, ni muchas veces propósito claro. Por eso, hay tantas personas que hemos acabado “quemados” con el mundo univesitario. Lo mismo que nos sucede a nosotros, ocurre en otros ámbitos de la sociedad y de la vida profesional y económica, generando actitudes e impresiones que, desde luego, no son las mejores para enfrentarse a los retos del futuro y al mejor desempeño de las funciones y tareas de cada cual.

De ahí que el objetivo de luchar contra el espíritu de chapuza, de improvisación y de falta de rigor, no sea un empeño pequeño. Ni una mera cuestión de electoralismo, por supuesto. Aunque, desde luego, en algo ha contribuido también al descalabro electoral del PSOE.