Se llega , incluso, a plantear que el hecho de que exista un sistema sanitario universal, de calidad y de fácil acceso para todos es uno de los “reclamos” que con más claridad impulsa a muchos extranjeros a venir a nuestro país.

El Estudio de Salud de la Ciudad de Madrid ya apuntaba con claridad un menor uso de la población inmigrante (Estudio de Salud de la Ciudad de Madrid, pag. 140 a 147), pero recientemente se han dado a conocer los datos más relevantes de un estudio multicéntrico a gran escala que hemos realizado en nuestro país y que orienta la realidad con claridad hacia esta evidencia de una menor utilización.

Se trata de un trabajo en el que se han utilizado las bases de datos de diferentes Encuestas de Salud realizadas en nuestro país recientemente (de 2004 a 2006). Por tanto en total se ha valorado la información recabada de más de 30.000 encuestados, siendo el objetivo de esta investigación evaluar hasta qué punto la utilización de los servicios sanitarios por parte de la población inmigrante es similar al de la población nacida en España, a igual grado de necesidad de asistencia sanitaria, y tras eliminar con técnicas estadísticas adecuadas el efecto distorsionador que en la comparación puede provocar el hecho de las distintas composiciones de ambas poblaciones en edad, sexo y posición socioeconómica.

Desde el punto de vista de la ética estos trabajos se fundamentan en dos principios metodológicos: el primero es que todos los seres humanos, independientemente de su sexo, edad, raza, origen o cualquier otra condición personal o administrativa, tienen derecho a una atención sanitaria de calidad y, el segundo, que el objetivo del Sistema Nacional de Salud en España es conseguir que todos los ciudadanos logren una utilización similar de los servicios sanitarios a igual grado de necesidad de asistencia.

A partir de los datos de las encuestas, con las particularidades metodológicas que he comentado y tras estudiar el uso de la consulta del médico general, del médico especialista, de los servicios de urgencias, la hospitalización, los servicios médicos privados y los preventivos se concluye que la población inmigrante en España utiliza con menor frecuencia que la población española la mayoría de los servicios sanitarios, si bien este patrón general varía en relación a algunos servicios sanitarios, al lugar de procedencia de la población inmigrante y al ámbito geográfico estudiado (Ciudad de Madrid, Cataluña, Canarias y Comunidad Valenciana).

Se observa además que la población procedente de los países ricos presenta una frecuencia mayor de utilización de los servicios del dentista y otros especialistas privados, quedando evidenciado en este hallazgo la limitación al acceso que impone las distintas posibilidades de los bolsillos de los pacientes cuando los servicios no son cubiertos por un sistema sanitario público, universal y gratuito.

En fin, los resultados más relevante del trabajo pueden analizarse en la página web de la Fundación Ciencias de la Salud, que auspició el mismo con financiación de la Comunidad de Madrid, o a través del siguiente enlace: http://www.fcs.es/fcs/ppt/inmigracion_salud.ppt

Resulta evidente que otra de las grandes aportaciones que hacen este tipo de estudios es la de contemplar la realidad de la población general, casi toda población sana, que está en su domicilio. Y es importante hacer esta salvedad pues con frecuencia tendemos a creer que la realidad que nos rodea es la que vemos a través de la ventana estrecha de una sala de espera o una planta de hospital. Es ahí donde la población inmigrante es, por sus rasgos diferenciales, mucho más visible. Al menos en parte, de esta percepción desfigurada surge el mito del abuso que supuestamente hacen del servicio sanitario.

Abuso que, como se ve, los análisis poblacionales, tercamente, se encargan de no querer demostrar.