Ninguna confirmación necesita Alejandro Amenábar para reconocerle como el mejor director español de nuestra época. Desde sus comienzos es admirable la capacidad que ha tenido para cambiar de géneros y de temáticas. Posee un dominio magistral del lenguaje visual que adapta con naturalidad a cada una de las historias que nos cuenta.

«Ágora», su último largometraje, narra la lucha de la astrónoma Hipatia por salvar la sabiduría del Mundo Antiguo durante las revueltas religiosas que asolaron Alejandría en el siglo IV. Pero esa es la trama formal, en realidad es una película contra la intolerancia, el dogmatismo y contra todo aquello que convierte al individuo, a la persona en masa amorfa y manipulable. Una crítica elegante pero contundente al fundamentalismo religioso y a la persecución del pensamiento libre.

Todos los detalles de la producción han sido cuidados en extremo. Desde la magnífica recreación de la ciudad de Alejandría, hasta la actitud prepotente y arrogante del Cristianismo convertido en la religión oficial del Imperio Romano. Una historia de amor por la ciencia, de comprender lo que nos rodea más allá de dogmas en contraposición con la ignorancia promulgada por el totalitarismo religioso.

Esos mismos fundamentalistas religiosos fueron los responsables de la destrucción de la mayor fuente de conocimiento del mundo antiguo. Algo que, según muchos expertos, hizo retroceder el proceso tecnológico de la humanidad más de cuatro siglos.

Un film grandioso en lo estético y en lo ético. Muy pensado, con un guión magníficamente escrito y colosalmente realizado.

«Ágora» es una película totalmente recomendable para nuestros adolescentes, es un mensaje claro y preciso para comprender las consecuencias de la barbarie, del dogmatismo y de centrar nuestra atención en lo que nos diferencia y no en lo esencial, en lo que nos une. En palabras de Hipatia “pase lo que pase no olvidéis que somos hermanos”.