Pero se les disparó con pelotas de goma para ahuyentarlos. En lugar de auxiliar a unos semejantes inocentes, que llegaban exhaustos a nuestras playas, en riesgo de morir, se les bombardeó con material antidisturbios. Con toda seguridad, a una ballena desorientada se le hubiera tratado con más humanidad.

Este es el mundo que nos estamos dando y que estamos dejando a nuestros hijos. Un mundo que mueve el dinero sin cortapisas, por encima de fronteras, regulaciones y culturas. Pero un mundo que rechaza al ser humano desgraciado con cuchillas y pelotazos. Los suizos acaban de votar fronteras abiertas para el dinero criminal, pero fronteras cerradas para el pobre y el parado.

Con todo, lo peor ha sido la explicación. Ni un lamento, ni una disculpa. Ni mucho menos una dimisión. “Teníamos un problema y lo hemos solucionado”, se dijo hace un tiempo. “Si queréis les recibimos con un comité de azafatas”, se ha dicho ahora. “Tendríais que preocuparos por los guardias lastimados”, se nos insulta.

Primero ocultaron la verdad de los disparos. Y como la verdad acabó abriéndose paso, la negaron. Mintieron con crueldad. Y después justificaron con desvergüenza. No es la política migratoria, no es el control de las fronteras, no es la seguridad, y no es la consideración hacia la Guardia Civil. Son 15 seres humanos muertos por el comportamiento criminal de quien ordenara dispararles en lugar de auxiliarles.

Se ha dicho con razón que si hubieran sido 15 blancos, ricos y con DNI, ahora estaríamos ante una crisis extraordinaria. Incluso si hubieran sido 10, o 5, o 2, o uno. Con un solo blanco ahuyentado a pelotazos mientras nadaba exhausto hacia una playa, se hubiera montado una buena. Pero eran negros, pobres e indocumentados. Fueron 15, pero hubiera dado igual que fueran 30 o 60.

¿Regulaciones y controles migratorios? Sí, pero con legalidad, con respeto a los derechos humanos. Con humanidad. Mejor aún: con cooperación al desarrollo, para que ningún ser humano, negro o blanco, se vea impelido a tirarse al mar para escapar del hambre y la miseria.

Rectifiquemos. Pronto. Y no por razones de legalidad, que sí. Y no por razones de política o de moral, que también. Rectifiquemos por razones de supervivencia. Porque el día que todos los negros, pobres e indocumentados pierdan la paciencia, no nos salvarán ni todas las concertinas ni todas las pelotas del mundo.