Se puede calificar de electoralismo, porque lo es. A lo que nos tiene acostumbrados la “niña de Rajoy”, pero en realidad es frivolidad y arrogancia aristocrática. La soltura de cuerpo que tiene el que esta acostumbrado al “ordeno y mando”. El que considera que lo natural, por gracia divina, es que desde su atalaya decida sobre vida y hacienda de esas masas plebeyas manipulables con una sabia combinación de populismo y caridad cristiana. El viernes 7, Esperanza Aguirre ha llamado a la insumisión ciudadana. Alienta a objetar contra la Educación para la Ciudadanía. Primero fue contra la prohibición de fumar en lugares públicos y ahora contra una formación en principios y valores democráticos de nuestros jóvenes. ¿Por qué desafía a las leyes, al estado de derecho? ¿Irresponsabilidad? ¿Frivolidad? Sencillamente, tiene interiorizado, ¡quienes son estos rojillos para decirme lo que tengo que hacer¡ Yo que pertenezco a lo selecto, yo que soy inigualable. Síntoma o enfermedad que nos exige una fulminante terapia, ir a votar para que no vuelvan. Pero en el fondo es lo que desea, que Rajoy pierda. Y ella demostrará que es la lideresa que necesita la derecha española. Ya lo dijo hace tiempo, “me veo como la Thatcher española”.