Ésta es la quinta novela de la saga Chamorro y Bevilacqua, peculiar pareja de picoletos, con los que hemos compartido muchas historias y crímenes desde 1995 cuando nos fueron presentados. Esta vez ha pasado más tiempo del habitual, y su relato está sacado a partir de un hecho real, posteriormente alterado y manipulado hasta convertirlo en absoluta ficción. Nos habla de muchas realidades relevantes y candentes de esta España que se adentra en la segunda década del siglo XXI. Navega en las sombras y luces de nuestra naturaleza humana, bien, seamos hombre o mujer, y en nuestras siempre complejas relaciones.

En las novelas de Lorenzo Silva la realidad es una constante mayor que en otros autores de novelas negras, más próxima a la actualidad social diaria y mucho más cercana para los españoles y para los madrileños que toda la ingente producción literaria de género policiaco proveniente del norte de Europa. Sus protagonistas, Vila y Chamorro, son de aquí. Dos guardias civiles con vidas semejantes a las nuestras, que circulan con coches por nuestras atestadas circunvalaciones y que piensan y cavilan en español, y como todos deseamos vuelven a triunfar por su sencillez y por la empatía que producen en todos sus adictos lectores.

Tras una decepcionante experiencia con el sistema judicial, que ha puesto en libertad a un asesino al que había detenido después de una larga investigación, el brigada Bevilacqua, alias Vila, se halla desencantado y más escéptico de lo que acostumbra. Así se enfrenta al nuevo caso que le ocupa: un hombre llamado Óscar Santacruz ha aparecido con dos tiros en la nuca en el ascensor de su casa. Parece el “trabajo” de un profesional, lo que se antoja desmesurado dada la poca trascendencia de la víctima, que tiene algunos antecedentes menores por tráfico de drogas y violencia de género. Vila y su compañera, la sargento Chamorro, afrontan la tarea, muy a regañadientes por parte de Vila, actitud que empezará pagando “el nuevo”, Arnau, un joven guardia que poco a poco se irá ganando la confianza del brigada.

Parece que los problemas en la vida de Óscar, aparte de sus roces con la justicia, se limitan a su divorcio, mal llevado y con un hijo de por medio. Pero, ¿qué esconde la denuncia que pesaba sobre la víctima por malos tratos? ¿Y su detención por tráfico de drogas? ¿En qué oscuros asuntos estaba envuelto este hombre en apariencia tan poco peligroso?

Una novela sobre los claroscuros de las relaciones, sobre los errores y aciertos de los jueces, sobre los vericuetos de la moderna investigación policial, sobre las injusticias que provocan las leyes y sobre el mal, que a menudo está entre lo que tenemos más cerca, incluso entre lo que un día amamos.

En resumen, estamos ante la mejor novela de Silva. Su buen hacer logra la empatía con los personajes nobles, pero corrientes de esta historia tan actual. Y nos deja con la satisfacción del que ha hecho lo que debía. Nos instala en el placer del trabajo bien hecho.