La aprobación de los presupuestos para 2011 y el acuerdo de legislatura con las minorías vasca y canaria han aportado estabilidad parlamentaria y garantía de vigencia hasta el fin del mandato. Y el cambio de gobierno representa más vigor político y mejor proyección pública.

Zapatero, por tanto, ha hecho los deberes para que su política se aplique mejor y se explique mejor. Ahora bien, esos “guiños” a la izquierda social y política que interpretan muchos análisis, ¿representan también el anuncio de un viraje socialdemócrata en el contenido de tal política?

La renovación del equipo ministerial ha restado repercusión al importantísimo acuerdo presupuestario suscrito con PNV y CC. Los de 2011 son unos presupuestos muy difíciles, que incluyen medidas de fuerte impacto social, y su aprobación constituye un éxito innegable. Además, el compromiso de estabilidad alcanzado con estos grupos acaba con la zozobra de la “geometría variable” y evita al gobierno la sensación de vivir siempre al borde del abismo. ¿Que el pacto tiene un precio? ¿Y qué pacto no lo tiene? Este es el día a día de cualquier democracia parlamentaria.

Por su parte, la llegada de Rubalcaba a la vicepresidencia política, el reforzamiento de Blanco en el Gobierno y en el partido, y el fichaje de un todoterreno como Jaúregui, suponen incorporar en muy buena medida capacidad de elaboración estratégica, de acción política coordinada y de pedagogía pública, precisamente tres facetas en las que el equipo de Zapatero había retrocedido con más claridad en los últimos tiempos.

Hay quienes buscan señales en clave sucesoria en todo este movimiento. Sin embargo, como suele ocurrir, la interpretación más sencilla es también la más probable. Zapatero ha querido simplemente aportar más y mejores herramientas a su gobierno para afrontar con garantías los retos de país y los retos propios, porque unos y otros pasan, sobre todo, por superar la crisis, recuperar actividad económica, generar empleo y modernizar nuestro modelo productivo.

¿Y qué hay del viraje a la izquierda? ¿Qué cabe inferir de la llegada a Trabajo de un “amigo” de los sindicatos y de la incorporación de un referente progresista como Rosa Aguilar? Si los guiños son solo guiños, su efectividad será efímera. Si los guiños, por el contrario, responden a una voluntad decidida para enfatizar las claves socialdemócratas en el conjunto de la acción de gobierno, aún siendo conscientes de lo estrecho de los márgenes que permite el contexto económico global, podría consolidarse una recuperación seria de la confianza por parte de la base electoral del PSOE.

Si todos los analistas coinciden en que lo peor de la crisis ya ha pasado y que se han superado los peores riesgos de descrédito en los mercados financieros internacionales, puede que sea tiempo ya de aplicar un programa de gobierno que acompañe la recuperación económica prevista con mayores estímulos a la demanda, con una regulación del mercado laboral más garantista de los derechos de los trabajadores, con una consolidación de las políticas de bienestar social, con una apuesta por la sostenibilidad social y ecológica en los cambios sobre el modelo productivo…