Los titulares de los diarios nos han anunciado en estos días que se ha declarado la guerra al Yihadismo. El yihadismo es el que declaró la guerra al “infiel” hace ya más de dos décadas. Guerra sin frentes de combate pero guerra. Guerra desigual, las armas de unos y otros tienen la misma finalidad, pero la tecnología bélica es más sofisticada en un lado que en otro. Todo es más complejo de entender y explicar. Los fundamentos de esta guerra parecen estar como “los diez mandamientos” guardadas en el Arca de la Alianza, pero las claves de este problema ya va siendo hora de que vayamos socializándolas para saber a qué nos enfrentamos. Intentémoslo.

Imposible saber el origen cierto del problema. Hay estudios y opiniones para todos los gustos: el problema árabe-israelí; la guerra fría; la colonización y descolonización de los países árabes y africanos; pero también desde el propio nacimiento del Islam como religión y sus múltiples escisiones y ramificaciones (22 ramas y más de 30 escuelas de pensamiento); las guerras contra el infiel ya fuera católico o musulmán. Además, no podemos olvidar que países donde mayoritariamente se profesa el Islam tienen importantes reservas petrolíferas.

Cuando se descompone el tablero, para saber cómo se ha llegado a la situación actual, es casi imposible de llegar a un acuerdo. El más plausible, el fin de la guerra fría (1989) y el consecuente deterioro de los regímenes dictatoriales impuestos por un bando y por el otro para el control de las poblaciones respectivas y sus recursos naturales.

Lo que se ha denominado en Occidente yihadismo o terrorismo islamista es el brazo armado de la variante del islamismo político del salafismo. Dicho esto, qué pretenden: la instauración de un Estado Islámico a nivel mundial, ni más ni menos que el nacional socialismo de Hitler en la primera mitad del siglo XX. No hace falta recordar las consecuencias de aquello y la gran similitud del nulo respeto a la vida humana. Dos diferencias importantes: El nazismo tenía prisa y los yihadistas tienen todo el tiempo del mundo. Los combatientes nazis querían ser héroes, esperaban su Cruz de Hierro, pero con vida. Para estos la recompensa está tras la muerte gloriosa en al-janna (el jardín del paraíso coránico). Por tanto a los combatientes muyahidines, como se autodenominan, no hay quien los pare por medios policiales. Su objetivo: morir matando; y su miedo: ser detenido y convertirse en delator.

Toda guerra tiene un territorio, esta no. El denominado Estado Islámico es una entelequia territorial. El asentamiento en una amplia zona de Siria e Iraq obedece a razones estratégicas: intervenir en la guerra civil Siria eternizando el conflicto, evidenciando la pasividad y desconcierto europeo y americano. Por otro lado, situarse a las puertas de la Unión Europea, metiendo la cizaña en el corazón de la Unión, provocando la huida a millares de personas. Además, una estrategia económica con la apropiación de numerosas explotaciones petrolíferas que mantienen en tensión a Estados Árabes, de ortodoxia islámica equívocos con el yihadismo, para que no se les meta en casa poniendo en peligro sus opulentas formas de vida.

El modelo organizativo del que están dotados no se explica en las escuelas de negocios, lo que dificulta encontrar las bases de este ejército sanguinario. Tienen una organización jerarquizada según el modelo de las antiguas tribus todas independientes entre sí, ahora conformadas por círculos o grupos que responden a una única lógica y un único objetivo, la muerte del mayor número posible de personas. Un liderazgo con remplazo inmediato (ejemplo Bin-Laden).

No realizan asesinatos selectivos, como otras experiencias terroristas vividas desgraciadamente en Europa. El terror es la muerte colectiva, en el Líbano o en París. El único asesinato selectivo fue el de los periodistas del semanario francés Charlie Hebdo; más que una acción de guerra fue un aviso a navegantes, al igual que las brutales decapitaciones de periodistas colgadas en las redes. Saben que la muerte de un profesional de la comunicación repercute más que cualquier otra. El valor e importancia que la comunicación tiene en nuestra sociedad lo dominan bien y su trabajo en las redes sociales es magistral.

De dónde obtienen su armamento. En gran medida, del material abandonado o robado en Iraq y Siria y de las redes de tráfico ilegal de armas en clara colusión con el de drogas y personas, los negocios más lucrativos. En la guerra de los Balcanes los guardias civiles españoles, destinados a la zona, se sorprendían de cómo el tráfico era capaz de sortear los controles.

Una reflexión importante a hacerse es sobre el papel de la inmigración. No es un problema por sí mismo en esta guerra y en ninguna, ni el refugio político. Ambos son hechos históricos de todos los tiempos, territorios y culturas (el Mayflower, el exilio español, o ahora el sirio). Es producto del hambre, del miedo o de los dos. Cuestión diferente es cómo se ha efectuado la acogida e integración. En Europa ha habido sociedades pluralistas pero no plurales, difícil de entender y convivir con el diferente. El capitalismo brutal de las últimas décadas ha aumentado la pobreza, y la emigración se ha incorporado a las zonas de exclusión social en las grandes urbes europeas [1]La exclusión genera resentimiento y este trae el odio.

Sintéticamente he pretendido dar unas pinceladas sobre las claves de esta guerra. Quedaría por poner algo tan esencial que es el cómo se combate en esta lucha tan desigual. Pues, en este caso, nuestras debilidades son mayores que nuestras fortalezas y existe la amenaza de un nuevo brutal atentado, tanto si entramos como si no en la dialéctica de acción reacción.

[1] Recuérdese los disturbios París octubre de 2005 que se extendieron por todo el país y otras ciudades de Europa, los incidentes se iniciaron por la muerte de dos jóvenes musulmanes de origen en Clichy-sous-Bois en un arrabal de la capital francesa.