Ha llovido mucho desde que en 1903 Percy Stow y Cecil Hepworth realizaran la primera incursión de Alicia en el cine. Un cuento tan atrayente que en más de un siglo el País de las Maravillas ha seguido siendo visitado, con mayor o menor pericia. Mas no hay que confundirse, es éste un relato escurridizo y difícil de adaptar. ¿Por qué gusta tanto? No se puede hablar de un cuento para niños más cuando tantos adultos sienten debilidad por Alicia, su mundo y sus acertijos. Los dobles sentidos y las interpretaciones de los textos de Lewis Carroll son un laberinto inacabable de misterio e imaginación, y es muy fácil perderse en él… cosa que por desgracia ha hecho Tim Burton en esta nueva película.

La película de Burton en realidad no adapta ninguno de los dos libros de Alicia sino que hace un remiendo de ambos, y se saca de la chistera un relato nuevo, mezclando personajes y situaciones conocidos con otros nuevos, y ubicando en medio de la guerra de la Reina de Corazones y la Reina Blanca a una Alicia ya entrada en años, cerca de la veintena. Una Alicia que, como el Peter Pan de Hook de Steven Spielberg, se ha hecho mayor y no recuerda sus pasadas aventuras. Hasta aquí nada que objetar. La trama está más o menos ensamblada y siempre es interesante ver una historia nueva. Pero la satisfacción inicial se va diluyendo según avanza el metraje porque Burton, sencillamente, no se moja. La historia va avanzando más o menos previsiblemente y se pierde la frescura, la locura, que impregnaba el original. Es todo más común y menos maravilla.

Por otra parte, bien se puede decir que no se le pueden pedir peras al olmo. El dinero lo pone Disney, y Disney sabe bien lo que quiere: hacer una película lustrosa, brillante, que guste a cualquier tipo de público, grandes y pequeños. Y por eso se queda fría. No se deja llevar por los terrenos más imaginativos y surrealistas del terreno infantil, ni tampoco ahonda en el conflicto de personajes y las dobles lecturas del terreno adulto. Tierra de nadie. Hay personajes más o menos bien trazados, como la Alicia de la primera mitad (Mia Wasikowska, antes de convertirse en “Juana de Arco”) o la Reina de Corazones (excelente Helena Bonham Carter, que inexplicablemente tiene tan mala fama como actriz). En la zona media Crispin Glover compone un interesante villano que a la postre queda en nada. Coleando por el final surgen Johnny Depp, que no sabe bien qué hacer con su Sombrerero, y Anne Hathaway, sin duda la peor del grupo, en un personaje remilgado y pomposo. Pero prácticamente todos salen perjudicados por una gran vacuidad que inunda todo, como si no se supiera bien qué contar ni cómo interpretar, llegando a un final de historia más bien aburrido.

Los efectos, por supuesto, están muy conseguidos, con una gran dirección artística y de creación de paisajes digitales. Pero también aquí notamos ese “puedo y no sé qué quiero” general, pues se oscila entre una sobria oscuridad y un excesivo “colorín” sin un criterio claro. De todas maneras hay algunos hallazgos visuales muy interesantes, como los gemelos, los castillos o los naipes soldado. Sin duda sobran algunos de los “animalillos” de la trama, como la ratona espadachín o el perro cazador, totalmente prescindibles, pero entendibles en un producto Disney (hay que vender peluches).

Así se pasan casi dos horas entretenidas pero sin llegar a más, sin sorprendernos en gran medida ni emocionarnos ni hacernos reír. Uno se pregunta hasta qué punto Burton quería hacer la película y hasta qué punto ha sido un simple encargo de Disney, recurriendo a un director que gusta mucho al público y que sabe hacer competentemente su trabajo, pero que con toda la maquinaria que tenía detrás le ha faltado aportar a la película un “pequeño” detalle: alma. Cuando Burton debería estar en plena madurez creativa se ha apoltronado en su silla de director cubriendo el expediente, haciendo películas sin despeinarse pero también sin la lucidez, ironía, implicación emocional que puso en buena parte de sus mejores películas. Seguiremos esperando pues la gran adaptación de Alicia a la pantalla.

Lo mejor: La calidad visual general, ciertos hallazgos “originales” y La Reina de Corazones.

Lo peor: Una frialdad en historia y personajes alarmante, fruto de una excesiva corrección y aparente desgana.