“Un importante peso de la omnisciencia y compasión del autor transmiten la realidad –única, solitaria y claustrofóbicamente limitada– de la vida misma. Lo mismo que otros naturalistas de hace un siglo, de Jack London a Edith Warton. Canin, por otra parte, junta piezas, en pequeños grupos, haciendo un displicente collage de memorias imperfectas y efímeras impresiones, como el recuerdo de Corey, de su desgracia, apenas comprendida cuando le ocurrió en su adolescencia y que contrasta con la ufana contemplación de su presente burgués”.

THE NEW YORKER

“Canin escribe sobre estos asuntos (recuerdos, relaciones, sentimientos) con conocimiento del sentido de la vida de sus personajes como una dialéctica entre deseo y pérdida, expectativas y decepción, idealismo y compromiso; y la comprensión de la manera en que una única elección o dos pueden cambiar la trayectoria de la vida”.

NEW YORK TIMES

“En una descripción resumida América, América podría sonar como una alegoría política, pero no lo es y no parece ser ese el objetivo del autor. La gente se eleva y cae en política, pero también lo hace en cualquier esfera de la vida… y este es el caso de la historia de Corey”.

THE CHICAGO TRIBUNE

No considero un riesgo aventurarse con esta afirmación de tintes gruesos: Ethan Canin es uno de los maestros de la narrativa norteamericana actual. Y, posiblemente, aunque todo es opinable, “América, América” es la mejor novela que ha escrito hasta el momento. Con su estilo firme e ingenioso, con un esqueleto temporal admirable que mantiene de forma casi mágica la intriga y, sobre todo, con una descripción psicológica de los personajes que termina por cautivar al lector, Canin se adentra como un buscador de “cómos” y “porqués” en la corrupción que se empezó a introducir en las altas esferas de la política americana en los tiempos de Nixon.

Henry Bonwiller –un político de nobles convicciones sociales pero con las debilidades propias del más común de los humanos- desea presentarse como candidato para la presidencia de Estados Unidos. Un escándalo amenaza con truncar su carrera. Sin embargo, él se debate con dureza para superar la crisis. Liam Metarey -un inquebrantable pero afable hombre de negocios que cree ciegamente en él- es el empresario que le apoya en su campaña, y que se ve arrastrado por el huracán de los acontecimientos.

La historia –un auténtico mosaico compuesto de indicios, conversaciones escuchadas a medias y rumores, donde la presunción de inocencia es casi una utopía- es reconstruida treinta años más tarde por el narrador, Corey Sifter, un periodista que siendo adolescente trabajó en la casa del empresario, quien fue para él su segundo padre.

Más allá de la confabulación política, de las tácticas y estrategias electorales, de la dignidad y de la sordidez de los líderes, de la cuestión de si unos buenos ideales justifican una personalidad corrompida, Canin nos ofrece unos personajes estigmatizados por los contrastes de luces y sombras, lastrados por carencias que parecen remontarse a los antepasados y que cada uno intenta superar a su manera, y movidos por un deseo de legar algo positivo a sus hijos, en quienes creen adivinar versiones de sus propias deficiencias.

Ciertamente, al leer este libro, uno tiene la sensación de meterse en una de las temporadas de campaña electoral de “El ala oeste de la Casa Blanca”, la galardonada serie televisiva de Aaron Sorkin. Ahora bien, la conclusión que se saca de todas estas vidas es que el ser humano resulta apasionante, henchido de sorpresas, siempre abierto a un vuelco final que le dé un sentido y significado a su historia, aunque ese final pueda parecer dramático.