De nuevo llega a las pantallas la adaptación de otro libro del polémico y cuestionado Dan Brown. Y como con la película “El Código Da Vinci”, esta segunda entrega de las historias del profesor Robert Langdon “Ángeles y demonios” será seguro uno de los estrenos más exitosos del año, pero no hay que olvidar que la cinta se estrenó en 700 salas y que su recaudación supone un descenso del 36 por ciento respecto al estreno de “El Código Da Vinci”.

Ron Howard, quien también fue director de “El Código Da Vinci”, en esta ocasión confecciona un vigoroso thriller cuyo ritmo no decae en ningún momento. Su cuidada puesta en escena, la grandiosidad de sus escenarios y el acertado diseño de producción contribuyen a que sigamos con curiosidad las andanzas de Langdon. Este conocido simbologista recibe un aviso de las autoridades eclesiásticas para que acuda hasta el Vaticano, puesto que cuatro cardenales han sido secuestrados justo cuando se está reuniendo el cónclave que decidirá quién será el próximo Papa. Una antigua sociedad secreta denominada los Illuminati parece encontrarse tras este delito, queriendo cambiar el curso de la Historia mediante la utilización de una bomba de antimateria.

La historia en algunos momentos es verdaderamente disparatada, carente de lógica e incluso nada coherente. A modo de ejemplo, cuando al protagonista, una autoridad mundial en interpretación de símbolos le tienen que ayudar a interpretar un texto en latín. O cuando el Camarlengo se dirige, casi admonitoriamente, a los cardenales del cónclave. Poco creíble, al menos.

En conclusión, a pesar de que el desarrollo de su trama es inconsistente, sus personajes resultan sosos, al menos la profesionalidad de su director, Ron Howard, consigue que la película posea un ritmo vertiginoso y que nos entretenga en la mejor tradición hollywoodiense.