Son varios los factores que están influyendo en la tendencia hacia la pérdida de calidad –y fiabilidad– de las encuestas pre-electorales. En primer lugar, está influyendo el factor “pro-cliente”, de forma que, según las inclinaciones del medio de comunicación, o el color del partido político que encarga la encuesta, los resultados suelen ser diferentes. Un segundo factor es el propio deterioro de las metodologías sociológicas, con tendencia a prescindir de los criterios estadísticos rigurosos en la elaboración de las muestras y en la ejecución de los trabajos de campo. Así, cuando el 20% de los hogares españoles no tiene teléfono fijo, resulta imposible que las encuestas telefónicas sean representativas. ¡Y no digamos nada de la chapuza de recurrir a la marcación aleatoria de teléfonos móviles que no se sabe en qué provincia se localizan!

Y, junto a estos factores técnicos, un tercer elemento de dificultad para los pronósticos electorales es la propia volatilidad de un número creciente de electores que deciden su voto en los últimos momentos de la campaña electoral, o bien cambian de inclinación cíclicamente de acuerdo a los últimos acontecimientos o impresiones.

Por todas estas razones, los pronósticos electorales cada vez son más difíciles, especialmente cuando las grandes opciones en liza tienen posibilidades muy parejas. De ahí, la necesidad de sustentar los pronósticos en factores ideológicos y actitudinales de base, que muestren hacia dónde se sienten inclinados en mayor grado los ciudadanos. Precisamente este es el “valor” adicional que proporciona la serie de encuestas que venimos publicando en “Temas” todos los años, que permiten conocer la evolución de un conjunto de tendencias o preferencias políticas de fondo. Encuestas que, además, se realizan sobre bases muestrales suficientes para poblaciones como la española, lo que supone realizar más de 1.700 encuestas personales en domicilios seleccionados por sistemas rigurosamente aleatorios y en base a una muestra estadística bien estratificada. A lo cual se une una supervisión exhaustiva de todos los trabajos de campo, en los que suelen trabajar doce personas a lo largo de un mes, con repetición de entrevistas domiciliarias de supervisión y revisión de todos los cuestionarios.

Pero, aún así, y con todas estas garantías, los datos procedentes de tal tipo de encuestas deben ser tomados con las cautelas que impone el objeto de estudio, como explicaré la semana próxima, a la luz de los datos que, para entonces, ya estarán publicados en “Temas”.