Gaddafi ha dejado atrás su pedigree de “perro rabioso” del mundo árabe, como lo denominó en una celebre rueda de prensa el entonces presidente norteamericano Ronald Reagan, tras el atentado del barco Achille Lauro, a mediados de los ochenta.

No es difícil encontrar en la prensa occidental, sobre todo anglosajona, reproches al presidente Sarkozy por haber facilitado una estancia tan mediática en suelo francés.

La jaima en los jardines del Eliseo indigna al periódico árabe editado en Londres AL HAYAT, cuya delegada en París se pregunta: “¿Por qué Francia participa en esta farsa que no sirve en mundo alguno a los intereses de Libia, ni a los intereses económicos de Francia, ni a la lucha contra el racismo?”.

La prensa de Italia, exmetrópoli colonial de Libia, y país ignorado por Gaddafi en esta puesta en escena, no es menos contundente. Reprocha el CORRIERE DE LA SERA a Sarkozy que diez mil millones de dólares en contratos no valen una tienda en el corazón de París y especula con los dos próximos invitados del presidente Sarkozy: Mugabe y Kagame.

Más objetivo, el milanés IL SOLE-24 ORE recuerda que Blair no hizo algo muy distinto que Sarkozy, y recuerda que Blair rindió visita a Trípoli para abrir los contratos de Libia con la petrolera británica Shell.

Esta apertura del país a las compañías extranjeras no es el único “atractivo” de este rediseñado coronel Gaddafi. No es menos importante la mano dura, sin contemplaciones contra los integristas islámicos.

Por eso no ha podido ser más oportuna esta mini-gira europea. Ese antiguo “patrón de terrorista” resulta muy conveniente cuando el terrorismo islámico golpea de nuevo en el país vecino, Argelia, con quien París o Madrid mantiene relaciones tan inestables. El doble atentado del martes, otro evocador día 11, ha puesto en evidencia la fragilidad de lucha contra el terrorismo integrista.

La prensa argelina sólo se pone de acuerdo en condenar el doble atentado, pero no en casi todo lo demás. El oficialista EL MOUDJAHID considera que la dimensión del atentado no debe hacer pensar que los islamistas han recuperado su poderío. Pero EL WATAN – más crítico- cree que el terrorismo de esencia islamista no está agonizante, que los salafistas no han sido “desestructurados”, que han conseguido reconstituirse, y que “la desmovilización de los argelinos es real”. Más duro, LA NUEVA REPÚBLICA critica la política apaciguadora del presidente Butteflika y señala que “la mano tendida al margen de la ley ha sido considerada por los criminales como una debilidad y una concesión del Estado”.

En una más que interesante conversación con el periodista marroquí disidente Ali Lrambet, en el diario español EL MUNDO, el ideólogo del FIS, Ali Beldhaj, sostiene que Butteflika es una marioneta en manos de los servicios de inteligencia militar, arroja ciertas insinuaciones sobre el origen de la enfermedad del presidente argelino y se pregunta con cierto cinismo si este auge de la violencia islámica es real o fabricado desde esas instancias de poder.

LE MONDE publica otra entrevista no menos sugerente con el experto en terrorismo islámico H’mida Layachi, quien desgrana motivaciones y claves de la rama argelina del Al Qaeda. Habrían atacado el Tribunal Constitucional como una advertencia al propio Butteflika para que se abstenga de promover una reforma de la Carta Magna que le permita optar a un tercer mandato. Los salafistas reconvertidos en sucursal de Bin Laden se nutrirían de muchachos muy jóvenes, “desconocidos por los servicios de seguridad”. Serían formados en “tres o cuatro meses” en las técnicas muy mediáticas de los atentados suicidas. Layachi se teme un “escenario a la iraquí: atentados ciegos en serie con los civiles como objetivo”.