En una estrategia de tintes claramente electorales, el PP y la derecha nacionalista periférica coinciden en el intento de instalar en la opinión pública una reconstrucción de la realidad parlamentaria que tiene más que ver con sus deseos que con la realidad veraz. La aritmética parlamentaria y su praxis en el día a día desmienten claramente esta tesis interesada.

El PSOE cuenta ahora con 169 diputados sobre un total de 350. Durante el desarrollo de las nueve legislaturas de la democracia, solo dos gobiernos han disfrutado de mayoría absoluta, el de González en 1982, y el de Aznar en 2000. En estos 32 años de democracia, solo tres gobiernos han contado con más diputados que el actual: los dos ya citados, más el gobierno socialista surgido de las elecciones de 1986 (175 diputados).

UCD tuvo 166 (1977) y 168 (1979) para hacer la Transición Democrática. El PSOE sumó 159 en el año 1993, y 164 durante toda la pasada legislatura 2004-08. El propio PP solo disponía de 156 diputados propios en la etapa 1996-00. Y, a pesar de ello, agotó la legislatura.

Todos estos Gobiernos acudieron a diversas fórmulas de acuerdos parlamentarios para completar sus mayorías, en función de las circunstancias del momento. Exactamente igual que ahora. Descalificar como necesariamente inestable a un Gobierno que cuenta con 169 diputados significa descalificar como inestable a las tres cuartas partes de nuestra historia democrática.

Pero es que, además, la práctica parlamentaria desde el comienzo de la legislatura presente, incluida la etapa posterior al primero de marzo, no faculta a analista alguno para hablar de inestabilidad. Todo lo contrario. El Gobierno ha sacado adelante todos sus presupuestos y absolutamente todas sus iniciativas de ley y de convalidación de decretos. De hecho, el Grupo Socialista no ha perdido una sola votación significativa en Pleno y los grandes acuerdos son tónica general en la aritmética de las comisiones. ¿Que hay que usar la cintura? Pues claro. ¿Que hay que trabajar los acuerdos? Desde luego. Y ¿desde cuándo es esto negativo?

Las circunstancias en el Parlamento actual son distintas a las del anterior mandato. Dos de los grupos que soportaban tradicionalmente a los gobiernos sin mayoría suficiente, con PP y con PSOE, no se encuentran hoy en condiciones de aportar ese apoyo, al menos a corto plazo. En la medida en que CiU primero, y PNV después, han sido desalojados del poder en sus comunidades de referencia, precisamente por el PSOE, claro está, no se muestran muy dispuestos a colaborar con el grupo mayoritario. Sorprende, no obstante, que quienes denuncian tal situación sean precisamente aquellos que antaño denunciaban la supeditación del gobierno socialista a las exigencias exponenciales del nacionalismo periférico.

Pero, primero, está por ver que esta posición del nacionalismo moderado se mantenga toda la legislatura. El pragmatismo, por ejemplo, ha sido siempre seña clara de identidad para CiU. Lo acaba de demostrar apoyando el decreto de medidas laborales en el Pleno del día 26 de marzo.Y segundo, ¿quién dice que CiU y PNV son las únicas opciones con que cuenta el Gobierno para sumar mayorías? Al margen de PSOE, PP, CiU y PNV, quedan otros 12 diputados en la Cámara, el doble de lo que se necesita para sumar al grupo socialista una mayoría absoluta.

El PSOE tiene la opción de formular una mayoría estable. Por ejemplo, con ERC (3), BNG (2) e IU-IV (2), que ya se han ofrecido para ello. Y el PSOE tiene también la opción de formular mayorías alternativas según la iniciativa que se trate de aprobar, contando también con los diputados de Nafarroa Bai (1), UPN (1) y Coalición Canaria (2). Con UPyD la cosa será más complicada.

Hay quienes desprecian esta última fórmula como incoherente. Dice Llamazares, por ejemplo, que “no vale” contar con la izquierda para ampliar la ley del aborto y apoyarse en CiU para aprobar un paquete de medidas de respaldo a los trabajadores autónomos. ¿Por qué es incoherente? En eso consiste la democracia parlamentaria. Cada iniciativa se somete por separado al voto de los representantes de la soberanía popular. Y unas mayorías se conforman con unos grupos, mientras otras mayorías requieren de grupos distintos. Hasta ahora ha funcionado bien.

En definitiva, las estrategias y los estados de ánimo son opinables. La aritmética y los hechos parlamentarios, no. Y los números dicen claramente que este Gobierno tiene cuerda para rato.