No cabe ninguna duda Robert De Niro y Al Pacino pasaran a la posteridad como dos grandes actores, pero nunca les recordaremos por esta película. Un film que recurre a los típicos- tópicos de las películas de policías y asesinos, de una forma desordenada y poco atractiva. Lo único que se salva es la calidad de las interpretaciones, no sólo de los protagonistas sino también de los magníficos secundarios.

Los protagonistas de la historia son los condecorados detectives Turk (Robert De Niro) y Rooster (Al Pacino), que después de 30 años como compañeros, se enfrentan a la jubilación, sin estar ninguno de los dos preparado para ello. Antes de que cuelguen sus placas son llamados para investigar el asesinato de un conocido proxeneta, que parece estar ligado a un caso resuelto por ellos en el pasado. Igual que en el crimen de entonces, la víctima es un presunto delincuente, y en el cuerpo se ha encontrado un poema de cuatro líneas que justifica el asesinato. Cuando los crímenes de presuntos criminales comienzan a sucederse, se ve con claridad que los detectives se enfrentan a un asesino en serie, cuyo objetivo son aquellos criminales que se han escabullido entre las grietas del sistema judicial. Su misión, al parecer, es hacer lo que la policía es incapaz de hacer, sacar a los culpables de las calles para siempre.

Con esta trama, algo manida en el género policiaco de suspense Jon Avnet, su director, continúa la estela de su anterior película “88 minutos”. Coloca sus activos en los actores y en un guión tramposo con el que da giros de 180 grados sobre la historia y los personajes.

Sólo por el hecho de estar en el reparto estos dos maestros de la interpretación, la película no la podíamos dejar de ver. Pero añoramos aquella escena que comparten en “Heat”, aquel clásico policial del gran Michael Mann, pues merece más la pena que las dos horas de ésta.