LA OPORTUNIDAD PERDIDA

Nuestra nación vive tiempos difíciles, tiempos que requieren un liderazgo político como nunca antes se ha necesitado, donde el Parlamento de nuestro país asuma la responsabilidad de transformar nuestra sociedad desde lo más profundo de ser. Y en estos momentos tan complicados lo peor que le puede suceder a un partido político es olvidar su razón de ser, anteponer su propio interés al del conjunto de los ciudadanos, abandonar su papel como un pilar del Estado de Derecho para erigirse en un fin en si mismo, haciendo de la irresponsabilidad su bandera y de la insustancialidad su patria. Dejando de esta forma a un lado el sentido de Estado. Esta triste y desalentadora circunstancia es a la que hemos asistido durante el Debate sobre Política General, en el que el principal partido de la oposición optó por el insulto y la descalificación antes que por el análisis y la propuesta.

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