¿UNA INSOLVENTE PRIVATIZACIÓN MÁS?

Pocas lecciones superan a la tan sencilla como insondable e imprescindible significación de los ideogramas chinos para los derivados de la palabra agua. El día en que, gracias a mi pasión por la caligrafía, di con la práctica equivalencia entre los términos agua y eternidad, aprendí casi lo necesario. Algo que quedó ampliado con ese pasaje del libro del Tao que mantiene que el “hombre de bondad superior es como el agua”. O, todavía más fascinante: la traducción literal a nuestro idioma del término honesto es: “el que se alegra al contemplar el agua limpia”. De inmediato, al menos cuando se comprende, esta última acepción, que resulta una reflexión entera en una sola palabra, concluimos que nuestro modelo de producción es sustancialmente deshonesto por su ingente e incesante ensuciarlo todo. Más aún lo esencialmente transparente como el aire y el agua.

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