El cine siempre nos permite la fantástica posibilidad de acercar los hechos reales, la historia, a la ciudadanía. Esta película aborda con mirada profunda los cinco días que hicieron tambalear el mundo en 1999, cuando decenas de miles de manifestantes tomaron por asalto la calle en protesta contra la Organización Mundial del Comercio (OMC). Lo que comenzó como una protesta tranquila reivindicando el cese de las conferencias de la OMC, devino rápidamente en un motín con todas las de la ley que finalmente obligó a proclamar el estado de excepción, lo que desembocó en la adopción de una postura de combate contra el Departamento de Policía de Seattle y la Guardia Nacional por parte de una masa de manifestantes pacíficos sin armas.

Stuart Townsend, hasta ahora actor, debuta con este film como director, guionista y productor. Es indudable su carácter contestatario, pero «Batalla en Seattle» entrelaza puntos de vista diferentes de la sociedad, desde los manifestantes y la policía, hasta los delegados que intervenían en la conferencia y aquellos que intencionada -o accidentalmente- se vieron involucrados en la batalla campal en las calles de Seattle.

Con acierto logra trasmitir esta inquietante realidad y la enconada lucha, por supuesto pacífica, de aquellos que pelean por un poco más de justicia. Manteniendo un equilibrio emocional lo suficientemente sobrio como para que la emotividad no sobrepase los límites de lo creíble.

Sin llegar a ser cine de protesta es un buen documento que aporta elementos críticos muy variados para el análisis objetivo de unos hechos que cambiaron la forma de ver el mundo.

Townsend hace un sobrio y eficaz uso del montaje de la cinta, en el que se mezclan escenas filmadas con otras de archivo, se muestra toda una batalla campal entre la policía de Seattle y los ciudadanos. Va directo al grano en su ajustada hora y media, con un buen ritmo, y las ideas muy claras.

Sin duda, habrá que seguir con interés sus próximos trabajos detrás de las cámaras, siempre y cuando no sufran lo que “Batalla en Seattle” ha sufrido: una ignorancia total y absoluta por parte de las distribuidoras.