David Pinillos, con una larga trayectoria en el cine como montador, se estrena con este largometraje que ha triunfado en el Festival de Málaga de este año. Un aprendiz de cocinero, Daniel (Unax Ugalde), encuentra el amor en el restaurante donde trabaja.

Esta coproducción entre España, Alemania y Suiza ha dado fruto a una deliciosa comedia romántica. Planteada con delicadeza logra una fresca puesta en escena, con momentos para el drama y también para la emoción. Aunque en momentos “Bon appétit” opta por los ingredientes más convencionales y algo pasteleros del cine de éste género, mantiene toques dignos de la mejor creatividad. Su guión equilibrado y creíble produce una sensación placentera al espectador, dejando un sabor muy agradable que permanece en el tiempo.

La historia se mueve entre la búsqueda del amor y el doloroso desencanto, entre la incertidumbre y ambición en los inicios de la vida profesional y el triunfo a cualquier precio. Daniel (Unax Ugalde) deja atrás a su familia, a su novia de toda la vida y a su querido Bilbao para cumplir su sueño: trabajar en el restaurante que el famoso chef Thomas Wackerle (Herbert Knaup) tiene en Zurich. Nada más llegar, el joven tiene que adaptarse al frenético ritmo de trabajo de la cocina, menos mal que cuenta con el apoyo de Hugo (Giulio Berruti), un cocinero italiano, y Hanna (Nora Tschirner), una bella sumiller alemana. La convivencia en el trabajo, en el día a día llevarán a los tres jóvenes a preguntarse por la vida, el amor y el trabajo. Y sobre todo, les forzará a decidir. En definitiva, a madurar y saborear la amistad llegando a tocar por algunos instantes la felicidad.

La dirección es buena, la interpretación en general también. Y en especial la de Unax Ugalde, que con un papel muy diferente a los que nos tiene acostumbrados vuelve a demostrar su talla como actor.