Ha sido una buena idea editar este Breviario para políticos atribuido a Mazarino. Pero ha sido un gran acierto encargar el prólogo de esta edición a un intelectual de la talla de Umberto Eco.

Como dice el profesor Eco, no es estrictamente un libro sino una antología de sus máximas, ya fueran palabras o actos. Este opúsculo aparece en latín en 1648, en la ciudad de Colonia, desde donde es ampliamente traducido y divulgado a lo largo de los de los siglos siguientes.

Antes del Breviario de Nazarino, aparecen en el escenario cultural otros dos, mucho más conocidos: Oráculo manual y arte de la prudencia de Baltasar Gracián (1647) y La disimulación honesta de Torcuato Accetto (1641). Pero la gran diferencia de Gracián y Accetto con Mazarino es que ellos nunca fueron hombres de poder, más bien intentaban vivir en armonía con sus semejantes sufriendo lo menos posible, especialmente de los poderosos. Mazarino por el contrario, pertenece a los poderosos, aprende a ganarse el favor de sus señores, a hacerse amar por sus súbditos y a eliminar a sus enemigos, y consigue conservar el poder gracias a las técnicas de la simulación.

Mazarino nos ofrece una imagen espléndida de la consecución del poder mediante la pura y simple manipulación del consenso. Cómo gustar no sólo a su señor, no sólo a sus amigos, sino también a sus enemigos, a los que hay que elogiar, engatusar, convencer de nuestra voluntad y de nuestra buena fe, para que mueran pero bendiciéndonos. Como dice Humberto Eco nos encontramos ante un modelo de estrategia democrática, en la época del absolutismo.

Giulio Mazarino, conocido como el cardenal Mazarino, nos sumerge en el arte de la política, desde el principio “conócete a ti mismo y conoce a los demás” y a partir de ahí simula y disimula.