1) No la apoyan los jefes militares. Consideran que las capacidades militares de Estados Unidos están al límite. Prefieren concluir las dos guerras en marcha antes de iniciar una tercera.

2) No hay tiempo en estos catorce meses que le quedan a Bush en la Casa Blanca para preparar, iniciar, desarrollar y concluir una acción militar. El presidente lo habría reconocido antes sus asesores.

3) No está asegurado el respaldo popular después del resultado en Irak y Afganistán.

4) No está calibrada la respuesta iraní, que podría concretarse en ataques contra Irán, contra Arabia Saudí, contra Occidente mediante atentados terroristas o contra el tráfico petrolero en el Golfo Pérsico.

5) No se quiere un alza meteórica del precio del crudo, ya muy cerca de la barrera psicológica de los 100$ el barril.

6) No está claro que un bombardeo intensivo destruya por completo la capacidad iraní de construir la bomba nuclear, y un ataque incompleto alimentaría el ansia de revancha de los ayatollahs.

7) No se esta en situación de urgencia: a Irán le quedan todavía entre tres y ocho años para completar su programa. La diplomacia tiene tiempo para actuar.

8) No predominan los halcones en el círculo más estrecho de las decisiones presidenciales. Los neocons han sido derrotados por los pragmáticos.

Unos días antes, LE MONDE publicaba un artículo del analista estratégico israelí Martín Van Creveld, que cuestionaba la necesidad de bombardear Irán. Después de pasar revista al arsenal militar iraní y considerar que es obsoleto e incapaz de molestar siquiera a Estados Unidos, Van Creveld hacía dos afirmaciones “originales”: una, no es seguro que un ataque resuelve el problema; dos, quizás el problema no sea tanto problema: se puede vivir con un Irán nuclearizado. Y cita, con esta misma opinión, el exjefe del Pentágono para Oriente Medio, el general John Abizaid.

Hace unos días, en su último editorial sobre la crisis iraní, THE NEW YORK TIMES, argumentaba fuertemente en contra de la opción militar y concluía invocando la esperanza de que el país tuviera la fortuna de que Bush escuchara a unos exhaustos general contrarios a una guerra más.

La prensa europea se muestra general esperanzada con este giro a favor de las opciones diplomáticas, tras las conversaciones de Merkel y Sarkozy en la Casa Blanca.

A la pregunta ¿Qué hacer sobre Irán?, el semanario THE ECONOMIST responde que las grandes potencias europeas estarían dispuestas, como mucho, a reforzar las sanciones económicas, y eso después de estudiar el asunto cuidadosamente y evaluar daños. Algunos gobiernos europeos exigirían incluso una resolución de la ONU antes de adoptar nuevas medidas de presión. Ni siquiera el fiel aliado británico respondería incondicionalmente a favor de medidas intempestivas de Washington. Brown no es Blair, dice THE ECONOMIST. Brown está ocupado en retirar a los soldados británicos de Irak, no en embarcarlos en otra guerra.

En todo caso, Irán ha demostrado su habilidad para minimizar el efecto de las sanciones anteriores y todo parece indicar que podrá hacerlo con las que pudieran aplicarse en el futuro inmediato, según un documentado artículo de THE WASHINGTON POST. Bancos islámicos y asiáticos han ocupado el sitio de los cuarenta bancos europeos que han abandonado Irán por presión norteamericano. Y con el petróleo por las nubes, las autoridades iraníes se han encontrado con dinero suplementario para resolver algunos problemas económicos y mitigar algunas necesidades sociales.