Ahora bien, una de las características definidoras precisamente del Estado autonómico, por contraste con el federal, es que su diversidad funcional y orgánica no alcanza en ningún caso a la jurisdicción. En el Estado autonómico, en efecto, la diversificación del ordenamiento en una pluralidad de sistemas normativos autónomos no se verifica ya en el nivel de la constitucionalidad con la existencia de una pluralidad de Constituciones (federal y federadas), sino que, a partir de una única Constitución nacional, sólo comienza en el nivel de la legalidad. Los sistemas normativos que en ese punto se configuran producen normas propias, a partir del ejercicio de unas potestades legislativa y ejecutiva también propias. Sin embargo, la función jurisdiccional, mediante la que tales normas adquieren forma y contenido definitivos, es siempre, y sólo, una función del Estado. Por lo que estamos en esta materia del Poder Judicial ante un elemento trocal para la reedificación del Estado español en clave federal: si el Estado autonómico arranca con una Constitución única, concluye con una jurisdicción también única, conteniéndose la diversidad de órganos y funciones en las fases del proceso normativo que media entre ambos extremos. La unidad de la jurisdicción y del Poder Judicial es así, en el ámbito de la concreción normativa, el equivalente de la unidad de la voluntad constituyente en el nivel de la abstracción.

De tal forma que esa nueva estructura territorial del Estado ya no sería indiferente, para el Judicial como Poder del Estado. La reforma de la Constitución llevaría a reconsiderar el ámbito de la jurisdicción a otros términos muy distintos que harían así del territorio de la Comunidad Autónoma una de las unidades vertebradoras de la articulación del Poder Judicial en el conjunto de la Federación y de las instancias procesales en su ámbito. Es decir, una nueva configuración orgánica y funcional del Poder Judicial con la MODIFICACIÖN de la competencia exclusiva del Estado en materia de Administración de Justicia.

En este sentido, habría que tratar las figuras fundamentales del Tribunal Superior de Justicia y el Fiscal Superior a nivel federal. Un órgano jurisdiccional en que culmina la organización judicial de cada territorio, añadiendo que sus competencias lo serían en los términos establecidos por la ley orgánica correspondiente, para conocer de los recursos y de los procedimientos en los distintos órdenes jurisdiccionales y para tutelar los derechos reconocidos por la “constitución” de cada uno. Un Tribunal Superior de Justicia competente en los órdenes jurisdiccionales civil, penal, contencioso-administrativo, social y en los otros que puedan crearse en el futuro. Con la consiguiente modificación del sistema procesal regulado por el legislador del Estado. De tal manera que el Tribunal Superior fuera la última instancia jurisdiccional de todos los procesos iniciados en cada territorio de la Federación, así como de todos los recursos que se tramiten en su ámbito territorial, sea cual fuere el derecho invocado como aplicable, de acuerdo con la Ley Orgánica del Poder Judicial y sin perjuicio de la competencia reservada al Tribunal Supremo para la unificación de doctrina federal.

Por otra parte, es doctrina conocida del Constitucional que la culminación en el Tribunal Superior de Justicia de la organización judicial en el ámbito territorial de la Comunidad Autónoma, establecida en artículo 152 CE no comporta que el agotamiento de las instancias procesales se haya de producir necesariamente y en todos los órdenes jurisdiccionales ante dicho órgano, sino tan sólo la inexistencia de ningún otro órgano jurisdiccional jerárquicamente superior, con independencia de la salvedad que, respecto al Tribunal Supremo, resulta del art. 123 CE. La única exigencia constitucionalmente impuesta por dichos preceptos en orden a las instancias procesales es que su preclusión se produzca ante órganos radicados en el propio territorio de la Comunidad Autónoma si en ella lo está el órgano competente de la primera instancia” (STC 56/1990, de 29 de marzo, FJ 32).