Antes de la irrupción de “Caramel” en las carteleras de medio mundo, cuando se hablaba del cine libanés, solía tratarse de cintas que tocaban de algún modo la guerra civil, que destruyó gran parte del entramado social del país entre 1975 y 1990. Por eso, la película de Nadine Labaki ha roto moldes en una industria cinematográfica que tradicionalmente ha estado dominada por la cuestión bélica. “Caramel” esquiva el conflicto y destapa conflictos sociales a los que se enfrentan las mujeres libanesas y, por qué no, también las mujeres de todo el mundo.

En Beirut, cinco mujeres se reúnen asiduamente en un salón de belleza, un pequeño universo de colores, olores y sabores (el título de la película “Caramel” alude, no obstante, a la mezcla de azúcar, agua y limón que emplean las mujeres árabes para depilarse) donde se hacen confidencias y hablan sobre los hombres, el sexo, el matrimonio, la felicidad…

Layal ama a Rabih, pero Rabih está casado. Nisrin es musulmana y su inminente boda le plantea un problema: ella no es virgen. Rima vive afligida por la atracción que siente por las mujeres y se renueva al ritmo de las visitas de una bella cliente de largos cabellos. Yamal se niega a envejecer. Rose ha sacrificado su vida para ocuparse de su hermana mayor. Son historias inspiradas en personas corrientes, narradas de un modo encantador, sensato y nada provocador.