“Podríamos decir que Isak Dinesen era una cuentista, porque escribía cuentos de una manera en la que el lector siente que lo está oyendo y que alguien se lo está contando a tiempo real. Quizás sea la escritora que mejor ha sabido representar el sentido oral del cuento, la intención de transmitir una verdad encerrada en una historia y de apelar a la emoción como si tuviera una forma propia de reconocer alguna verdad, sin que el tema sea claramente reconocible”. Silvia Bardelás en El lector perdido.com.

“Los relatos de la escritora poseen una mezcla de poesía, misterio y leyenda tan singular que los hace únicos. Los cuentos reunidos en Carnaval tienen un componente mítico, una especie de baño intemporal que los eleva a esa categoría sin dejar de posar sus pies en la tierra”. José María Guelbenzu en EL PAÍS (25 de mayo de 2010).

“La historia bien narrada. El cuento perfecto. La calma construida con palabras dentro del maremgánum de continuo caos en el que nos perdemos. Así son los relatos de Isak Dinesen”. Maria Aixa Sanz en Literaturas.com.

En buena medida debido a sus adaptaciones cinematográficas, Memorias de África y El festín de Babette fueron dos novelas que dieron una gran popularidad a la escritora danesa Karen Blixen, más conocida por su seudónimo Isak Dinesen.

La magnífica versión cinematográfica, dirigida por Sydney Pollack en 1985, de la primera de estas novelas, engolosinó la figura de una escritora tan refinada como Isak Dinesen. Ahora bien, sus historias no tienen simplemente como telón de fondo el sentimentalismo de postal que podemos encontrar en la película oscarizada. Más bien sucede lo contrario, nos introducen en un mundo aristocrático, sutil y con muchas aristas. En sus obras no se nos presenta una visión dulzona y fácil de las cosas. Esta maestra en la escritura de cuentos sabe combinar, con grandes dosis de sabiduría, lo dulce con lo salado, lo delicado con lo áspero, lo agrio con lo acaramelado. Y en todos los casos brilla por su poder imaginativo, la inteligencia de sus argumentos y la ironía con que contempla la propia realidad humana.

En Carnaval y otros cuentos nos encontramos con una serie de relatos aparecidos quince años después de la muerte de la autora. Si se leen a la velocidad crucero de relato por día, el lector tendrá para once días. Se adentrará en una amplia variedad de temas (la losa de la reputación en las sociedades cerradas, la incapacidad de la justicia humana para entender la conducta, un amor infantil conjurado contra la muerte, el fiasco de la inmortalidad, la imaginación como un lazo para atrapar la conciencia de un asesino…), de registros (la fábula moral, el ambiente histórico o literario, lo sobrenatural y lo truculento…) y de escenarios y épocas (Londres, Ámsterdam, Oslo, Copenhague, Marsella…).

Ciertamente, toda publicación póstuma da pie para los recelos. Siempre nos invade la sospecha, y en la mayor parte de las ocasiones acertamos, de que hay algo plasmado por el autor que no quiso que saliese en vida. En el caso concreto de esta obra merece la pena correr el riesgo.

Una vez más, con un lenguaje inocente, humilde y cristalino, sin alardes verbales, sin la subjetividad febril de muchas ficciones modernas, sin desafíos al lector con distintos planos de conciencia o con largas frases, el nivel de los cuentos es altísimo. Estamos ante once relatos estupendos, geniales, vibrantes, locos, aunque en alguno de ellos se caiga en la artificialidad (el que da título a la colección) y otro esté inacabado (“Anna”). Sin embargo, en la mayoría de los casos, Dinesen vuelve a deslumbrar por una intriga inquietante (“Tío Séneca”), el desarrollo de historias disparatadas e irónicas (“La familia Cats”), la creación de ambientes míticos y misteriosos que parecen salidos de Las mil y una noches (“El oso y el beso”), el planteamiento de preguntas delicadas cuya respuesta es un cuento roto voluntariamente (“El último día”), o la lucha entre la verdad y la falsedad (“Tío Theodore”). No en vano, Isak Dinesen conoce como nadie el arte de contar cuentos perfectos.

Cualquier lector de los grandes libros de relatos de Dinesen (Siete cuentos góticos, Cuentos de invierno o Anécdotas del destino), disfrutará de esta primera traducción al castellano que, aprovechando el ciento veinticinco aniversario del nacimiento de la autora danesa, nos ofrece Nórdica Libros.

Y para quien sea su primera incursión, por su elegancia, por su magnitud, por su forma perfecta de narrar, por su ser contadora de historias por excelencia, siempre podrá pensar que tiene delante de sí un maravilloso repertorio de relatos.

¡Lectores!, introduciros en cualquiera de los cuentos de este libro, disfrutad de los manantiales placenteros de unos mundos originales y misteriosos. Su depuración técnica y su calado existencial emergerán con vigor en cada página.