Ya sólo falta que el Sr. Carod Rovira solicite la intervención de Su Majestad para que interceda en el asunto del Estatut, para que, si me permite la comparación, Su Majestad pueda gritar ¡Bingo!

Pero también, con no menos respeto, debo recordar a Su Majestad que, como suele decirse, no hay peor calamidad que mostrar habilidad.

Si se dedujera que se soluciona el asunto en el que Izquierda Unida ha solicitado sus altos oficios y que ello se ha producido, precisamente, por sus altos oficios, a alguien más se le puede ocurrir que use esos altos oficios para resolver otros problemas. En el mismo Marruecos, por ejemplo, donde posiblemente existan más mujeres cuyos derechos fundamentales deben ser protegidos. O en Arabia Saudí, con cuya Familia Real mantiene Su Majestad buenas relaciones y donde hay quien puede pensar también en la falta relativa de derechos de las mujeres respecto de los hombres, e incluso en la falta relativa de derechos humanos de los hombres respecto de otros hombres. O en varios otros países donde la influencia de Arabia Saudí es innegable y donde el déficit de respeto a los derechos humanos, también.

El propio Sr. Rajoy podría encargar a Su Majestad su intervención ante el Gobierno de Rodríguez Zapatero, con el que nos comunican los servicios de la Casa Real que mantienen buena sintonía, para que intervenga en los distintos conflictos que mantiene con él.

Incluso yo mismo me podría atrever, por supuesto con el mayor de los respetos, a que abogara por mí con alguna institución, bancaria por supuesto, con la que mantengo diferencias, aunque por no tratarse de asuntos de hambre, afortunadamente, lo dejaré para mas adelante.

Y lo peor de todo, Majestad, es que hay gente insaciable. Si resolviera Su Majestad todos esos problemas, todavía habría gente que se preguntara porqué no los ha resuelto antes y ha tenido Su Majestad que esperar a que se lo pidieran.

En fin, Majestad, que espero de su buen proceder y de su prudencia, que tenga cuidado y no se fíe, como me ha pasado a mi, de una apariencia de fe en la Corona que, a lo peor, no es tal.

Un respetuoso saludo de: