Leí con mucho interés su larga lección administrada a las personas de izquierda sobre cómo debe uno comportarse. En particular los cuatro mensajes subliminales al caso Garzón. Debo unirme a su primer comentario. Estoy de acuerdo con Ud cuando afirma que en la Transición se hizo lo que se debía hacer, no por miedo, sino porque era lo que necesitaba el país para instaurar la democracia. Además, era en general lo que nuestro Partido afirmaba desde 1947.

Mis discrepancias conciernen a los tres epígrafes siguientes. Dejemos de lado el tercero, el del célebre Agapito García Atadell, que Ud cita por ser un criminal ajusticiado por Franco y que le sirve para argumentar que todas las víctimas del bando republicano no son héroes… Digo célebre porque con su escrito, van tres veces que leo esta historia. En el libro de Koestler y en «El Escudo de la República», de Angel Viñas -nota en la página 41 y cita en las páginas 44 y 45-. Ambos son autores de izquierda y no disimularon sus crímenes y usted lo sabe. Estoy seguro que este caso está repetido en otras obras y Agapito García así puede convertirse en el prototipo del combatiente del campo republicano. No creo que sea su intención, pues Ud mismo confiesa que fue perseguido por el gobierno republicano y tuvo que huir de España. Me hubiera gustado que equilibrase el comentario con un dato equivalente en el campo nacionalista. Pero claro, hubiera sido difícil señalar que en tal caso el criminal no tuvo nunca que huir, sino que siguió matando y prosperando a las órdenes del Gobierno oficial y todopoderoso del Generalísimo Caudillo de España por la Gracia de Dios.

Más importante es la valoración del mensaje jurídico sobre la Ley de Amnistía. ¿Cree Ud que en 1977 las Cortes votaron una amnistía para los crímenes del franquismo? En mi inocencia yo siempre pensé que era una amnistía para los republicanos, los terroristas de ETA. ¿Cómo podía yo creer que las Cortes de 1977, con todos los poderes tácticos todavía vigentes, Armada, Policía, Iglesia, Administración, poderes económicos, iban a votar una amnistía para lo que habían cometido esos poderes. ¡Si nadie había aún condenado el sublevamiento franquista! ¡Si seguía totalmente avalado por la historia oficial! Prueba de ello, el partido fundado por un ministro de Franco, Don Manuel Fraga Iribarne, ministro cuando la Guardia civil rapaba mujeres de mineros asturianos, aún ministro cuando la policía mataba a obreros en las calles de Vitoria… Pues bien, ese partido, Alianza Popular, más tarde Partido Popular, no votó esa ley. Con lo cual me da la razón. La Ley de Amnistía era para mí la anulación a distancia de la célebre Ley de Responsabilidades Políticas que tantas muertes avaló. Creo que debe reconocer la fuerza de mi razonamiento aunque se pueda salir de interpretaciones estrictamente jurídicas. Y por los tiempos que corren uno no puede afirmar sin que le tiemble la voz que la Justicia tiene siempre razón.

Por fin, y para no alargar esta carta, me refiero al último mensaje sobre si son las derechas herederas o no del franquismo y sobre la «puñetera» manía de la izquierda de diabolizar a la derecha. No creo que los señores Rajoy o Ruiz Gallardón añoren el franquismo. Ahora bien, pregúnteles si creen que en el seno de su Partido figuran partidarios del franquismo y si son muchos. Pero pregúnteselo en la cumbre del Naranco de Bulnes y mirando previamente si no vuela por sus cielos algún buitre equipado con micrófonos de la Señora Esperanza Aguirre. Yo le contesto que existen, y muchos. ¿Por qué? Por razonamiento lógico. En Europa se conoce el éxito algunos partidos de extrema derecha de variopinta identificación, pero coincidentes en la apreciación positiva de valores fascistas. Todos sabemos que el franquismo o nacionalcatolicismo tenía su originalidad, pero era de esta familia ideológica. La extrema derecha, sea en Holanda, en Francia, en Suiza, en Austria, en Italia… alcanza el 10 o 15% de los votos. Muchas veces pasa del 20%. Y son países donde esas ideologías han sido depuradas después de la derrota del nazismo y del fascismo. En España, donde no hubo depuración, y no me quejo de ello, ni siquiera han tenido en todo lo que va de elecciones democráticas un solo diputado. Puede Ud creer que no hay alguna trampa ahí. Deben a la fuerza existir y ¿dónde? Camuflados en el PP. ¿Es justo mi análisis? Para confirmarlo, le relato un hecho vivido hace pocos años. Tuve el privilegio de presenciar el debate que se desarrolló en el Parlamento Europeo sobre la condena a la sublevación franquista. ¡No pudo haber voto porque se opusieron las derechas europeas! En ese debate, después de la intervención en contra de la condena del señor Mayor Oreja, intervino un diputado polaco: el padre de los célebres mellizos políticos. Afirmó que le pesaba la desaparición de hombres providenciales como Salazar, Varela y… Franco, y que deseaba que pronto regresaran sus iguales. No insistamos.

En cuanto a la aversión a las derechas, comparto que no es un feliz programa político. Pero Ud debe conocer la frase que abre el programa del PSOE que escribió Pablo Iglesias: «Porque esta sociedad es injusta…» Desde que empezaron a organizarse los hombres de izquierda (no me gusta este calificativo, progresistas, sería mejor) tuvieron que luchar sobre todo para defenderse de las fuerzas de derechas (conservadoras) creando «organizaciones de resistencia». Para conseguir propagar sus ideales primero tenían que defenderse, de ahí su aversión a las derechas que los perseguían, pecado quizás condenable pero explicable. Si no me cree, vaya a discutir con los obreros de las fábricas que cierran porque sus dueños quieren pasar de ganar unos millones a ganar decenas de millones… Pero me pierdo, y le pido perdón.

Perdón será mi última palabra. El asunto que nos ocupa no es otra cosa que pedir que la sociedad perdone a las víctimas y las autorice a volver de ese terrible exilio que desde décadas padecen: las cunetas.

Le saluda atentamente, o si es Ud el socialista que conocí; con un cordial saludo socialista,