Nuestro fundador fue el primero de más de 1.500 hombres y mujeres de condición social muy diversa, de talento y de suerte también desigual, que durante un siglo de labor parlamentaria han actuado siempre conforme a la misma meta, el progreso de la sociedad española, y en función de los mismos principios socialistas: la libertad, la igualdad y la solidaridad.

Nuestro portavoz Alonso lleva poco tiempo en el Parlamento, en el PSOE y en la política de primera línea, pero ha sabido definir el elemento que diferencia a los diputados socialistas de todos los demás. Aquí se percibe más “densidad histórica” que en el resto de los grupos, según él.

¿Qué quiere decir esto? Algo muy simple: mientras en otras organizaciones políticas priman las motivaciones relacionadas con la búsqueda del poder o la defensa de intereses parciales, a veces de manera muy legítima, a veces menos, en el código de conducta de los socialistas siempre manda el compromiso histórico con el interés general de España y de sus ciudadanos.

Otros persiguen por encima de todo el rendimiento electoral de sus actuaciones, o buscan el desgaste del adversario, o representan el beneficio particular de esta u aquella fuerza económica, social o mediática. Los socialistas también queremos ganar elecciones y nuestras estrategias y nuestras tácticas pueden variar en el tiempo, contradictoriamente a veces incluso, pero nuestro comportamiento se somete siempre al propósito prioritario de dar continuidad histórica al esfuerzo a favor de la modernización y de la justicia social en España iniciado por Pablo Iglesias hace más de un siglo.

Por eso a los socialistas no nos asuntan las encuestas, ni nos atemoriza la soledad aparente en la adopción de medidas difíciles. Los gobernantes del PSOE no han de regirse tan solo por los índices coyunturales de popularidad o de aceptación mediática. Solo hay una pregunta importante. ¿Lo que hacemos interesa a los españoles? ¿Responde a nuestros principios? Si es así, adelante. Con la mejor voluntad de explicación democrática y de consenso, pero sin arredrarse y sin dar un paso atrás.

A lo largo de estos cien años no siempre fuimos comprendidos y en muchas ocasiones nos vimos poco acompañados, incluso perseguidos y castigados duramente, pero no por ello defendimos con menos ardor y determinación lo que entendíamos como lo mejor para el país. Y los españoles nos han interpretado bien, por eso somos el partido que más tiempo ha gobernado en democracia.

Nos opusimos a la guerra de Marruecos, rechazamos la Tercera Internacional, interpelamos a Lenin por la vigencia de la libertad, proclamamos la Segunda República, suscribimos la Constitución europeizadora del 31, logramos el sufragio femenino, resistimos al fascismo, combatimos la dictadura, compartimos la Transición Democrática y la reinstauración de la Monarquía, perdonamos en la Ley de la Amnistía, aportamos triunfos y sacrificios en la Constitución del 78, firmamos los Pactos de la Moncloa con el Gobierno de la UCD, integramos España en Europa, defendimos en un referéndum el ingreso en la OTAN, sacamos a nuestras tropas de Irak a pesar de Bush….

Y si ahora nos toca liderar un conjunto de reformas y de ajustes dolorosos porque así lo necesita España y así lo requiere el mejor futuro para los españoles, que nadie albergue dudas: haremos lo que hay que hacer.