Además, su Presidente, el Sr. Camps, está tan preocupado por la situación económica española, que se reunió con el Sr. Rajoy en el Parador Nacional de Alarcón durante cinco horas, al cabo de las cuales pidió públicamente la dimisión de Rodríguez Zapatero por considerarle responsable de esa mala situación.

Y el caso es que es raro oírle al Sr. Camps una crítica negativa a algo: a sus amiguitos, que lo son del alma, les quiere «un huevo»; los apoyos mutuos dentro de su partido los considera algo «muy bonito; confía en la honorabilidad y honestidad de todos los dirigentes del PP de Valencia y no pierde la sonrisa cuando la oposición le exige explicaciones de sus amistades empresariales o una manifestación callejera pide «trajes para todos».

Por supuesto, nadie en el PP de Valencia se siente concernido por los más de 50.000 folios que tiene el sumario del conocido como «Caso Gürtel». Primero porque, efectivamente, más de dos tercios de ese sumario están todavía bajo el secreto del proceso, en segundo lugar, no hay ningún imputado valenciano en ese sumario, todavía y, además, la parte oriunda del mismo, la de los célebres trajes de «gratis total» ha sido sobreseída, y casi premiada, por el TSJ de Valencia.

Y, mientras tanto, los dirigentes del PP de Valencia alardean urbi et orbe de que les acompañan los triunfos electorales, el último de los cuales, las elecciones europeas, las ganaron con «Gürtel» y «Bigotes» en las listas electorales.

Entonces, ¿por qué a mí?, se estará preguntando Ricardo Costa. Como el célebre Ciudadano K del “Proceso” de Kafka, el Secretario General del PP valenciano debe de estar sufriendo una odisea sin saber qué culpa tiene que pagar: ¿quizás la de pertenecer a la trama de Rubalcaba, De la Vega o Conde Pumpido?, ¿no haber sido tan amigo de «El Bigotes» o del Presidente del TSJ de Valencia como lo era el Sr. Camps?, ¿tener un hermano que se enfrentó, tenuemente, con el Sr. Rajoy?, ¿quizás haberse estrellado con un coche tan estupendo como el que se compró?

Como K, como Edmundo Dantés, como Dreifuss, como el Segismundo de Calderón, se debe atormentar en la soledad de su cese temporal, condicionado y confuso, preguntándose “¿qué delito cometí contra vosotros naciendo?”.

Jesús Espelosín Atienza