Si además de estas inadmisibles palabras, se destruyen derechos sistemáticamente, se empobrece a la población, se realiza una actuación depredadora de lo público para beneficiar a las élites económicas, y se hacen leyes para favorecer a unos pocos y contra la mayoría de la ciudadanía, como en el caso de la reforma laboral, los copagos, el aborto o la ley de seguridad ciudadana, lo que se cuestiona ya no es el tipo de democracia que surgió de la Constitución del año 1978 en España, sino la democracia misma para sustituirla de echo por una oligarquía prepotente y fanfarrona.

Está bien que el líder del PSOE, diga que «No, no me voy a callar, y le exijo a usted que hable. Que explique cómo se financió su partido durante años, también desde que usted lo preside; que explique su vinculación con el caso Gürtel, que es el caso PP; que aclare su relación con el Sr. Bárcenas, el que fuera su hombre de confianza y hoy está en prisión».

Está bien que diga lo que piensan angustiados millones de españoles, que por las políticas de Rajoy, para muchas personas lo peor está por llegar: “a los pensionistas que van a perder poder adquisitivo durante años»; a los estudiantes que han tenido que dejar de estudiar porque «les ha quitado la beca»; a los enfermos crónicos, a los que se «obliga a pagar las medicinas que reciben en los hospitales»; a los que tienen que emigrar y el Gobierno «quiere quitar la tarjeta sanitaria si están más de tres meses en el extranjero buscando empleo sin encontrarlo»; a los «muchos trabajadores cuyo salario va a seguir bajando por la decisión unilateral de los empresarios» y a las mujeres con la ley del aborto donde Rajoy «quiere cercenar» la libertad de las mujeres para ser madres.

Todo eso está bien y es imprescindible repetirlo. Pero además, e independientemente de las ideologías y creencias de cada cual, hay límites que no se deben pasar, y sobre todo hay que saber, si se es demócrata, que desde la mentira y el engaño no se puede hacer política y menos construir una sociedad con libertad, igualdad y justicia para todos.

La mentira y el engaño sistemático acaban con el contrato social que se dieron las personas para vivir en sociedad. La mentira y el engaño sistemático no traen un futuro de esperanza, sino más desesperanza y angustia a unos ciudadanos cada día más empobrecidos. La mentira y el engaño sistemático acaba con la democracia y ese es un lujo de no nos podemos permitir.

Por ese motivo, la ciudadanía debe movilizarse y elegir gobiernos que estén obligados a cumplir sus promesas. Mientras tanto, hay que destapar el engaño, por muchas veces que se repita y aparezca en los medios de comunicación. Frente a la mentira, la verdad de la vida que vive la gente. Frente a la mentira, la verdad de los datos:

· Cuando Montoro dice, en la Escuela de Verano del PP en Gandía, el 6 septiembre 2013, que “España es el gran éxito económico del mundo”, hay que recordarle que según la EPA del cuarto trimestre de 2013 hay 5.896.300 parados en España. 622.700 personas más que las que decía la EPA del cuarto trimestre del año 2011.

· Cuando Rajoy dice, en su Convención de Valladolid, “las reformas empezarán a notarse pronto en la lista de la compra de las familias”, hay que recordarle que según un informe de Comisión Europea del 24 de enero, el 12 por ciento de los trabajadores españoles viven ensituación de pobreza, pese a estar trabajando.

· Cuando Montoro dice, en la sesión de control del Senado, el día 10 de septiembre de 2013, que «No se preocupen, no falta nada para llegar a la etapa de crecimiento económico y crear empleo en términos netos», hay que recordarle que el número de ocupados en España es de 16.758.000 personas. Es decir, 1.049.300 personas menos que cuando llegó al gobierno. Lo que significa que se sigue destruyendo empleo.

· Cuando Montoro dice, en la sesión de control al Gobierno en el Congreso de los Diputados, el día 18 de septiembre de 2013, que “España va a volver a asombrar al mundo muy pronto”, hay que darle la razón porque asombra que haya 2.826.549 niños en riesgo de exclusión social.

· Cuando Montoro dice, en un acto del PP el 19 de octubre en Santander, que «Estamos en las puertas mismas del crecimiento y de la creación de empleo. Lo tenemos que decir así, de forma directa, sencilla y pronosticable, porque va a ser así», hay que recordarle de forma también directa que hay 1.280.600 personas que llevan más de un año y menos de dos buscando empleo, y 2.309.500 personas que llevan más de dos años buscando un puesto de trabajo. Y además, la cobertura del desempleo ha pasado del 80 por ciento en 2007 al 61 por ciento de hoy.

· Cuando Rajoy dice, en la Convención de Valladolid el 2 de febrero de 2014, que “España va mejor”, hay que recordarle que los salarios han bajado en España una media del 10 por ciento tras la reforma Laboral, mientras el sueldo medio de los directivos subió un 7 por ciento en el último año.

La democracia se construye todos los días con sueños, con ilusiones y con el objetivo último de mejorar la vida de las personas y que puedan ser más felices con más libertad, igualdad y justicia. Las palabras de Rajoy nos alejan de ese modelo de sociedad democrática, como también lo hace que los ciudadanos se conviertan en esclavos en el momento que ponen el pie en sus puestos de trabajo, o que muchos de ellos, millones no pueden encontrar donde trabajar.

No queremos ser esclavos, no queremos ser personas que carecen de libertad por estar bajo el dominio de otra. Somos ciudadanos con derechos y obligaciones, pero ciudadanos. Una ciudadanía que equivale a dignidad. Una dignidad humana que hay que potenciar a través de la libertad, la igualdad y la justicia. Por eso, NO nos callamos y pedimos: “Pleno empleo, libertad, igualdad y justicia”