Los ciudadanos españoles sitúan a Albert Rivera y al partido político Ciudadanos más a la derecha que sus propios votantes, y acercándose a los espacios donde estaba el Partido Popular hace algunos años, antes de su actual inflexión derechista. Estos datos, que aparecen en la última encuesta de Tendencias Sociales del GETS, establecen la distinta visión que existe entre los votantes de Ciudadanos y el resto de la población a la hora de ubicar a Ciudadanos y a su líder. Mientras los votantes de Ciudadanos se autoubican más en el centro (5) que el partido (4,79), en una escala donde 1 es derecha y 10 izquierda, el conjunto de la población tiende a situar a Ciudadanos en el 4,24 y a su líder, en el 4,26.

La complejidad y fragmentación de las sociedades actuales ha llevado a cuestionar si todavía está vigente, y tiene razón de ser, la división ideológica entre derecha e izquierda para contrastar distintos modelos de sociedad. La expresión “todos son iguales”, refleja las dudas de una ciudadanía que en muchas ocasiones cree ver respuestas muy parecidas, cuando no iguales, a ambos lados del espectro político.

En este clima, en España, un partido político, Ciudadanos, que está llamado a ocupar un papel importante en el nuevo mapa parlamentario, que salga de las elecciones generales, se auto declara de centro al tiempo que niega la utilidad real de la dicotomía izquierda/ derecha. Esta primera contradicción es sustancial para un partido que pretende conseguir el mayor número de votos y dejar de ser minoritario, para convertirse en decisivo en la formación de futuros gobiernos. Pero, ¿qué gobiernos?

La aclaración a esa pose de superación de las ideologías la encontramos en el libro de Bobbio, Derecha e izquierda, razones y significados de una distinción política, y en su afirmación de la vigencia de la distinción entre izquierda y derecha. “La esencia de la distinción entre izquierda y derecha es la diferente actitud que las dos partes muestran sistemáticamente frente a la idea de igualdad: aquellos que se declaran de izquierdas dan mayor importancia en su conducta moral y en su iniciativa política a lo que convierte a los hombres en iguales, o a las formas de atenuar y reducir los factores de desigualdad; los que se declaran de derechas están convencidos de que las desigualdades son un dato ineliminable, y que al fin y al cabo ni siquiera deben desear su eliminación… Lo igualitario parte de la convicción de que la mayor parte de las desigualdades que lo indignan, y querría hacer desaparecer, son sociales y, como tales, eliminables. Lo no igualitario, en cambio, parte de la convicción opuesta, que sean naturales y como tales, ineliminables”.

Esta vigencia de la dicotomía derecha e izquierda, explica la realidad de Ciudadanos como formación política. La distinción entre derecha e izquierda no excluye la configuración de posiciones intermedias. Y de hecho, Ciudadanos busca el espacio de centro entre el PSOE y el PP.

Pero al pretender situarse en esa centralidad, también permite analizar si está más cercano a la izquierda, más cercano a la derecha o, simplemente, está en la centralidad porque ha conseguido romper la derecha y asentarse sobre la parte más en el centro de la misma. Y al poder consolidarse ahí, y estar en contacto con la parte más centrada de la izquierda, puede también conseguir parte de ese voto. Eso sí, en ese caso, “escondiendo” durante la campaña electoral la parte de su programa que ataca las políticas contra la desigualdad, que le puede alejar de ese potencial votante, y que hasta hace poco tiempo no tenía pudor en visualizar.

En este sentido, se puede afirmar que Ciudadanos está desarrollando una estrategia electoral que le sitúa de lleno en la “vieja política” que tanto critica en sus discursos. Dice una cosa, oculta otras y en campaña electoral no duda en negarse a sí mismo y a sus programas, con tal de no perder potenciales votantes en un panorama político muy fragmentado y volátil.

La secuencia de esta escena de auto negación es clara. Primero se descubre el documento donde está la propuesta que aumenta la desigualdad entre los ciudadanos. Después, desde el partido, un portavoz realiza un primer momento de exaltación de su programa y de la coherencia del mismo. Finalmente, otro portavoz sale a corregir y rectificar al primero para intentar confundir y negar lo que verdaderamente piensan, que es lo que aparecía en el documento de propuestas electorales que salió a la opinión pública.

En el caso de Ciudadanos, el ejemplo significativo de esta estrategia electoral lo encontramos en la ocultación y en la negación en plena campaña electoral de estar a favor de los copagos en sanidad y educación, por el fuerte rechazo que generan en la sociedad española. Negación que queda en evidencia viendo los programas electorales con los que se ha presentado a distintos procesos electorales y las declaraciones de responsables de Ciudadanos. La secuencia es la siguiente:

  1. Se hace público que Ciudadanos en su Programa electoral en Cataluña aboga por los copagos: “Dotar a las Comunidades de competencias normativas sobre un tramo de los principales tributos indirectos, posibilitando la creación de mecanismos de copago para aquellas Comunidades que decidieran aumentar los catálogos de servicios”.
  2. Declaraciones de Francisco De la Torre, encargado de la propuesta fiscal y número dos en las listas al Congreso por Madrid: «Nosotros decimos lo mismo en todas partes. Hay un programa elaborado en septiembre con el que nos hemos presentado a las elecciones y no va a cambiar en sus líneas fundamentales. La creación de mecanismos de copago iba en el programa de Ciudadanos a las catalanas y nosotros proponemos lo mismo para toda España”.
  3. Declaraciones de Francisco De la Torre, en relación al copago en educación: “En las tasas de los másteres universitarios, por ejemplo, sí se pueden dar más competencias a las comunidades [para establecer copagos]”.
  4. Luis Garicano, responsable del programa económico de Ciudadanos y miembro de su Ejecutiva, corrige a De la Torre y asegura que el partido “apuesta por la gratuidad y universalidad de la Sanidad y la Educación en todo el territorio nacional”.
  5. Aunque vuelve a repetir lo que aparecía en el documento primero.

Este ejemplo, entronca con la política de ocultación llevada a cabo por el PP de Mariano Rajoy en las anteriores elecciones generales, donde prometió que no habría recortes en sanidad, educación y pensiones si llegaban al gobierno. Lo que sucedió después, ya lo conocen los españoles, porque en una amplia mayoría son los que han sufrido la austeridad y los recortes de derechos que ocultaron y negaron en campaña electoral.

Los ciudadanos tienen necesidades y problemas, pero en muchas ocasiones no poseen la solución a los mismos. Por ese motivo, en democracia tenían que reclamar a los políticos las soluciones que demandaban. En estos momentos, la población mayoritariamente está demandando un cambio de gobierno y de políticas. Este deseo de cambio viene acompañado con el dato de que un 48 por ciento de la población se auto ubica en la izquierda, el porcentaje más alto de los últimos años.

¿Qué quiere esto decir? Que, por una parte, hay una oportunidad muy buena para que el PSOE gobierne desde la izquierda, esa izquierda que lucha contra la desigualdad. Pero, por otra, también puede ocurrir que se frustre el deseo de cambio mayoritario si Albert Rivera y Ciudadanos apoyan al PP para que continúen en el gobierno. Si hacen eso, Ciudadanos renunciará a conquistar la parte de la derecha más centrada del PP que hoy son más del 50 por ciento de los votantes del PP que se ubican dónde está ahora Ciudadanos. Y, lo más grave, renunciará a superar al PP conformando un partido de centro-derecha más homologable con Europa. Eso le convertirá en la muleta o en el maquillaje de un PP que le utilizará, mientras está electoralmente herido, hasta que se recupere.

Esta es la decisión más importante, estratégicamente hablando, que tiene que tomar Ciudadanos. Y de ella dependerá su éxito o fracaso a medio plazo. De momento, es bueno saber que están básicamente en el terreno de juego de la derecha, y que por ejemplo, en las elecciones autonómicas en la Comunidad de Madrid, de mayo de este año, entre los votantes que dudaban a quién votar, un 16,2 por ciento dudó entre el PP o Ciudadanos, el mayor porcentaje. Y el resultado es ya conocido: Ciudadanos decidió ser la muleta del PP y frustrar el cambio de gobierno que pedía la mayoría de madrileños.

¿Qué hará en diciembre? De momento, disimular.