Se configura de esta forma una nueva realidad que debe llevar aparejada la gestión de estos nuevos espacios, una nueva forma de gestionar desde lo público esos espacios compartidos en donde las necesarias respuestas a las necesidades generales de la ciudadanía deben ir unidas a la creación de estructuras capaces de poner en valor la oportunidad de una Sevilla y de un área metropolitana abierta al mundo, en donde residen grandes oportunidades de negocio, desarrollo económico, social, cultural y de Servicios Públicos para ese nuevo ciudadano metropolitana a caballo entre la capital y el área metropolitana. Es desde mi punto de vista -coincidiendo con la visión del candidato socialista a la alcaldía de Sevilla, Juan Espadas– a través de proyectos en común y de la creación de estructuras capaces de llevar a cabo un reparto de los beneficios y costes de esta nueva realidad el camino que desde la actuación pública se debe de dar en Sevilla.

Pero las ciudades no son tan sólo plazas, calles y zonas de equipamiento en servicio de la ciudadanía, las ciudades son por encima de todo espacios de convivencia, espacios que al mismo tiempo deben de ponerse a servicio de las necesidades de las personas que la habitan haciendo de las garantías en el cumplimiento de los derechos y libertades un elemento fundamental en la construcción de esas ciudades, que ante todo deben ser humanas. De esta forma, las urbes deben de buscar no sólo la alianza necesaria con los municipios que configuran su área metropolitana todo ello en pos de un desarrollo compartido y la ejecución de proyectos comunes que redundaran en el beneficio general, sino al mismo tiempo el desarrollo decidido de la igualdad y la cohesión entre sus barrios a través de la continuación al desarrollo de infraestructuras públicas como las que en los últimos años han permitido que Sevilla haya mudado esa piel, dejando a un lado el sabor “cañí” por la “modernidad” el “carácter humano de su desarrollo urbanístico” y la “apuesta por la dignificación de los barios, creando redes de infraestructuras públicas de calidad”. Estos ejes unidos al de la apuesta por el desarrollo de la cultura y el fundamental desarrollo de políticas medioambientales y del desarrollo son claves fundamentales para hacer frente a los retos y desafíos que el propio progreso de las sociedades generan en su recorrido.

Se configura así un tiempo en que la colaboración entre área metropolitana y capital se presenta como elemento indisoluble, alejando la idea de competitividad que durante mucho tiempo ha llevado a la dispuesta de las oportunidades entre unos y otros.

Pero este hecho fundamental tiene ante sí el enemigo de los intereses económicos, y a veces políticos, que impiden que el cumplimiento de las metas anteriormente señaladas se encuentren en la hoja de ruta de quienes tienen la última decisión. Así en el día a día nos enfrentamos ante hechos de tal magnitud como la contaminación de nuestras ciudades, de nuestras calles y plazas como recientemente se ha podido ver en la capital madrileña, en donde las asimetrías territoriales entre barrios de primera y segunda se ponen de manifiesto por las diferencias de infraestructuras públicas entre unos y otros, y en donde la contaminación ambiental es un sí o sí en el día a día de una ciudad condenada a la desigualdad y a la contaminación. Son éstas las políticas de desarrollo social, urbanístico y económico que desde el pensamiento conservador se presentan como útiles y necesarias aún a costa de no tener en cuenta los elementos fundamentales de defensa del medioambiente como un derecho humano al mismo nivel que el de la libertad y la igualdad, es el progreso unido al respeto a la Tierra y los elementos que la conforman, la respuesta a las incertidumbres de un desarrollo que de ir de la mano de una política contaminante y destructiva de la propia naturaleza nos llevara tarde o temprano a nuestro propio final.

Somos aquéllos quienes tenemos la responsabilidad de lo público quienes debemos tomar decisiones en pos del interés general, aún cuando las mismas no lleven aparejado el aplauso generalizado y a veces la critica sinrazón, la puesta en marcha de zonas peatonalizadas, la defensa del transporte público desde la educación al ciudadano en su uso, la limitación el uso de los vehículos privados en las ciudades, la defensa de espacios verdes periurbanos en nuestras urbes alejados estos de la especulación urbanística o la puesta en valor de nuestros ríos y la defensa de las energías limpias como motor de una economía verde productiva y de desarrollo son las vías de un camino que nuestra sociedad actual debe recorrer para construir esas ciudades humanas y sostenibles en donde las generaciones del hoy y del mañana puedan vivir.

Es ésta la senda por la que la Sevilla del siglo XXI debe continuar transitando en pos del progreso de una ciudadanía que hoy más que nunca necesita mirar al futuro y encontrar las respuestas a los retos que hoy tocan afrontar.