Emociona ver como la presión ciudadana y la actuación decidida de algunos gobiernos locales y autonómicos, gobernados por la izquierda mayoritariamente, ha conseguido cambiar el paso del Gobierno de Rajoy en un tema de derechos humanos tan evidente como esta crisis de refugiados. Una crisis humanitaria que, lejos de lo que algunos puedan creer, no ha hecho más que comenzar, y solo se podrá solucionar con éxito si se cambian muchas políticas dentro y fuera de la Unión Europea para llevar el desarrollo con bienestar a todos los rincones del planeta.

Se huye de la guerra, de la violencia, del hambre. En definitiva, se quiere una vida mejor. Y ese modelo, de una vida mejor, lo encarna una Unión Europea que durante los últimos años se está haciendo el harakiri, destruyendo paulatinamente la protección social de sus habitantes, que caracteriza su sociedad del bienestar, construida tras la II Guerra Mundial.

Las políticas de consolidación fiscal erróneas, las medidas de ajuste cortoplacistas y la austeridad económica y social, para una mayoría en favor del incremento de los beneficios de una élite económica y política minoritaria, han dañado gravemente la igualdad y están provocando un incremento de la exclusión social sin precedentes en los últimos cincuenta años. Un dato, la pobreza y la exclusión social que afectan a 123 millones de personas en la Unión Europea –el 24 por ciento de la población–, fundamentalmente niños, mujeres, personas mayores y personas con alguna discapacidad.

Los logros del modelo social europeo, que hizo disminuir la pobreza y consiguió la prosperidad para amplísimas capas de la sociedad, han sido erosionados y en algunos casos derribados. Pero la dinámica puede y debe cambiar. Se necesita compromiso continuo para hacer posibles los avances. Y cada vez hay más ejemplos. Frente al discurso hegemónico neoliberal impuesto por el gobierno alemán a toda Europa, diciendo que no hay más remedio que recortar derechos y prestaciones, ahora aparecen más de seis mil millones de euros para poder acoger a 500.000 refugiados al año en ese país, cuando hasta hace poco estaban planteando recortar los derechos a ciudadanos de la Unión Europea no alemanes.

La evidencia es que se pueden hacer cambios, con voluntad y con compromiso continuo, en muy poco tiempo y que repercutan rápidamente en la vida de la gente. Ya no es creíble el discurso de lo imposible, de no hay otro remedio. Pasó tras la II Guerra Mundial, cuando con países devastados, con muy pocos recursos, se conquistaron derechos en muy pocos años en la educación, en la salud, en el trabajo, porque la sociedad en su conjunto los puso como objetivos colectivos.

Pero también pasa ahora. Por ejemplo, mientras Europa recorta pensiones, es importante que se conozca que países paradigmas de la privatización de los sistemas de pensiones como Argentina, Bolivia, Chile, Hungría y Polonia han renacionalizado o están renacionalizando sus sistemas de pensiones para mejorar la seguridad y los ingresos en las personas jubiladas.

O, mientras Europa se lanza a las privatizaciones sanitarias, a los copagos injustificados y al recorte de personal sanitario, con la consecuente desigualdad de acceso y el incremento de la exclusión en el sistema sanitario, muchos países de ingresos medios (88) están extendiendo visiblemente sus sistemas de protección social, invirtiendo en tiempos de crisis en aumentar la cobertura de la salud para su población. China, ha logrado una cobertura casi universal de las pensiones y un aumento de los salarios. Y Brasil ha acelerado la extensión de la cobertura de protección social y los salarios mínimos desde 2009.

¿Qué ha hecho posible el cambio? El compromiso continuo, para abordar las persistentes desigualdades, y objetivos claros. Por tanto, si el objetivo es que todas las personas tengan una vida digna en libertad, tenemos que utilizar los recursos para acabar con ese mundo que no sale en los medios de comunicación, salvo excepciones, y que sufren miles de millones de seres humanos. En el mundo en el que soñamos y queremos vivir no hay cabida, como señala Informe mundial sobre la protección social, 2014-2015, de la OIT, para que:

  • Aproximadamente 18.000 niños mueran cada día, en su mayoría por causas que se pueden prevenir.
  • Sólo el 27 por ciento de la población global tenga acceso a sistemas de seguridad social integrales.
  • Sólo el 12 por ciento de los trabajadores desempleados en el mundo reciban prestaciones de desempleo, existiendo grandes diferencias en las coberturas efectivas entre el 64 por ciento de los trabajadores desempleados en Europa Occidental (mucho menor en España), y menos del 3 por ciento, en Medio Oriente y África.
  • Sólo el 33,9 por ciento de los trabajadores esté cubierto por la legislación en caso de accidentes del trabajo y enfermedades profesionales, a través del seguro social obligatorio.
  • Sólo 87 países concedan prestaciones no contributivas por dependencia, por faltar años de cotización o no haber cotizado.
  • Sólo el 28 por ciento de las mujeres que tienen un empleo en el mundo reciban prestaciones monetarias de maternidad que les proporciona seguridad de ingreso durante la fase final del embarazo y después del nacimiento.
  • El 48 por ciento de todas las personas que superan la edad que da derecho a pensión, no perciban una pensión.
  • Los futuros pensionistas vayan a tener pensiones más bajas en al menos 14 países de Europa.
  • Más del 90 por ciento de la población que vive en países de bajos ingresos no tengan derecho de cobertura de la salud. Y globalmente, el 39 por ciento de la población carezca de tal cobertura.
  • Entre 2007 y 2012, la pobreza infantil aumentara en 19 de los 28 países de la Unión Europea.

La protección de los ciudadanos es una obligación, exista crisis económica o no, porque es un derecho humano. Pero también, porque es una necesidad económica y social. En aquellos lugares donde hay más desigualdad hay menos desarrollo. O dicho de otra forma, donde hay más igualdad, más recursos en los hogares, hay más estabilidad política y social y se produce mayor crecimiento y cohesión social

Avancemos en libertad e igualdad. El compromiso continuo y claros objetivos lo harán posible.