Se supone que aquéllos que lideran partidos políticos serios e importantes no deberían dejar espacio en su labor para las ocurrencias y las ideas personales. Se supone –se debería suponer- que los líderes son la voz pública de sus partidos.

Pero, al parecer, en España la lógica política no siempre opera de manera tan clara. Así, Artur Mas puede dar una conferencia, rodeado de las grandes figuras de su partido, y formular propuestas de no poca entidad sobre un futuro “independiente” de Cataluña, añadiendo que se trata de “propuestas personales”. Y, por si ello fuera poco, desde un punto de vista lógico, añadir a continuación que tales propuestas no cuestionan ni la Constitución ni el Estatuto.

Desde luego, los simples mortales no alcanzamos a entender cómo se pueden hacer, al tiempo, tales pronunciamientos encadenados sin el más mínimo sonrojo.

Se supone que entre personas serias propuestas de tal alcance deberían ser debatidas y evaluadas detenidamente por los máximos órganos representativos de los partidos y adoptadas, en su caso, con el mayor grado de consenso posible. Pero no, parece que aquí lo que se impone es arrojarse al ruedo primero, y preguntar después, en el más puro estilo caudillista y refrendatario. Por supuesto, Artur Mas no es el primero que actúa de esa manera en cuestiones de diverso alcance. De hecho, aún rechinan en el PSOE las propuestas fiscales regresivas que -¿por su cuenta?- se han atrevido a lanzar algunos líderes regionales, cuando ni siquiera los conservadores osaban a formularlas en público.

En fin, seamos serios y responsables –y, sobre todo, co-responsables- y dejemos bien enterrado el espíritu de Viriato.