Pero la utilización de la Historia para argumentar el presente, algo que es tradición en los partidos de izquierda de larga trayectoria -ciertamente le es difícil al PP celebrar las efemérides de Alianza Popular- sirve tanto más cuando la Historia no se deforma. No es lugar aquí de volver a narrar el proceso que culminó en Suresnes, para ello remito el lector al libro» La segunda Renovación » escrito por Carlos Martínez Cobo (Plaza y Janes, 1991). Pero de la misma manera que se puede ser un perfecto cristiano sin creer que Dios creó el mundo en 7 días, se puede ser un buen socialista negando que Suresnes fuese sencillamente la victoria de los jóvenes del interior sobre los veteranos del exilio. Algo de esto fue, pero sobre todo culminó una lucha de diez años. Los tres más importantes dirigentes presentes en Suresnes, Nicolás Redondo, Felipe González y Alfonso Guerra llevaban más de diez años bregando en las filas de la organización clandestina, y era el tercer congreso al que asistía Felipe. Más de diez años en el proyecto llevaban también los jóvenes dirigentes de las JJSS en el exilio que abrieron el camino. Las etapas sucesivas pueden resumirse así: 1970, las JJSS trasladan su Ejecutiva a España, en el X Congreso del PSOE en el exilio Felipe González, tras un debate público, vence al Secretario General Rodolfo Llopis con el voto de 44 agrupaciones del exilio contra 22, el interior no tenía derecho a voto; 1971 en el Undécimo Congreso en el exilio de la UGT, las agrupaciones del exilio censuran la Comisión Ejecutiva y trasladan la mayor parte de la Comisión Ejecutiva, Presidencia y Secretariado General en particular, a España; 1972 en vísperas del XII Congreso del PSOE el articulo de Alfonso Guerra publicado en El Socialista,“Los enfoques de la praxis” y una carta decisiva de Nicolás Redondo,Juan en la clandestinidad, dirigida a Rodolfo Llopis y declarando que los miembros de la Comisión Ejecutiva en el Interior son incompatibles con él, provocan la ruptura y la consecuente escisión de los partidarios de Llopis; en el XII Congreso celebrado en Agosto 1972 en Toulouse, la Dirección del partido es confiada a España, con una estructura colegial y una delegación en exilio. Dos años después, en Suresnes, XIII Congreso ordinario del PSOE en el Exilio, se ratifica el traslado, esta vez total y definitivo, y se elige un Primer Secretario: Felipe González.

Relato este largo recorrido, los datos son indiscutibles aunque sistemáticamente olvidados, para demostrar que lo que realmente fue Suresnes, y es la lección que de este congreso se puede y debe sacar, es que el Partido, reorganizado en las cárceles en España desde 1939, en el exilio en Méjico en 1940 y en Toulouse en su primer congreso en 1944, consiguió, en un largo proceso democrático e integrador de exilio e interior, jóvenes y veteranos, adaptarse a la realidad de la sociedad española del momento. Lo que tardó años en realizarse, la dictadura ofrecía tiempo para ello, tiene obligatoriamente que culminarse más rápidamente cuando la Democracia, por sus repetidas citas electorales, estorba para la serena reflexión. La segunda lección es que, en Suresnes, a un grupo, desde luego reducido, de dirigentes de extraordinaria cualidad en la previsión política, sindical y de Estado, le fue confiada la herencia de la Memoria Histórica, en un momento clave del declive de la Dictadura. Y estos dirigentes sentaron las bases de un proyecto de aspecto innovador, autónomo, de vocación mayoritaria que en ocho años les llevó al poder. Y en su trayectoria, desde la oposición al poder, recogieron lo esencial y original del proyecto político elaborado por el exilio: libertad prioritaria, Democracia, Estado de Derecho, Instituciones decididas y ratificadas por el pueblo, pertenencia de España a Europa y al bloque Occidental. La Justicia social, la articulación solidaria de la sociedad que ellos consiguieron eran valores pertenecientes desde siempre a la condición de socialista, fuera cual fuera la época. Estos hombres elegidos en Suresnes dieron a España su periodo histórico más prospero, democrático y justo de toda su historia. Suresnes confirmó los dirigentes elegidos dos años antes en Toulouse. Como dicen los ingleses: “The right men at the right place at the right time”.

Las lecciones de Suresnes no son por lo tanto confiar en el estampido milagroso de una nueva generación y de un nuevo partido, sino su culminación a partir del respeto y adaptación de una organización centenaria, lo que desde luego decidieron en los albores de los años 60 los jóvenes renovadores. Es la necesidad de un Partido sólido como herramienta para transformar y regir la sociedad y no la aglutinación irresponsable de voluntades, sin duda nuevas y porqué no sinceras, pero coyunturales. Es la urgencia de un proyecto autónomo y solido de un Partido Socialista si quiere gobernar, y su función es gobernar, no testimoniar. Es la adecuación del proyecto al momento, algo que hoy olvida la Socialdemocracia. El PSOE era marxista en Suresnes, socialdemócrata en su proyecto en el primer congreso del postfranquismo, apto para la toma electoral del poder en el Congreso extraordinario de 1979.

Cuando la política y los políticos sufren la desconfianza de los ciudadanos, es útil recordar como el PSOE después de haber sufrido cuarenta años de clandestinidad y exilio, consiguió renovarse para llevar España a un nivel que nunca había alcanzado. Es a tal resultado al que aparentemente aspira acuñando su nuevo episodio “renovador” con la conmemoración de Suresnes.