A partir de la excelente novela de Henri Cueco, Jean Becker conjuntamente con Jean Cosmos y Jacques Monnet elaboran un guión perfectamente articulado sobre el que se construye una magnífica película del cine francés. Una película de personajes y sentimientos sencillos. La grandeza, la nobleza y la profundidad de lo sencillo frente a lo elaborado, egoísta y superficial de los tiempos que nos toca vivir.

La historia surge a partir del regreso, desde París de un pintor reconocido, a su pueblo natal en la Francia profunda para instalarse en la casa donde pasó su infancia. Un jardín de buenas proporciones rodea el edificio, pero no sabe ni le apetece cuidarlo. Prefiere poner un anuncio en el periódico local. El primer candidato, y el definitivo, es un antiguo compañero de colegio milagrosamente reencontrado después de tantos años.

En su contacto diario con el jardinero, el pintor descubre, mediante toques impresionistas, a un hombre que primero le intriga y que acaba por asombrarle gracias a su franqueza y a la simplicidad de la mirada con la que ve el mundo. Su vida está marcada por referencias sencillas. Una felicidad sin aspavientos. El jardinero no conoce la amargura ni la envidia. Sus héroes siempre son gente modesta.

Su sistema de valores tiene un criterio único que, de forma consciente o no, le sirve para juzgar las cosas y las personas: el sentido común. El arte del que vive su amigo no goza de su aprobación hasta que puede observarlo discretamente durante horas.

Prosiguen una especie de adolescencia tardía y fraternal en la que se mezclan sus familias, sus conocimientos, las zanahorias, las calabazas, la vida, la muerte, viajar en avión, las grosellas, los gustos y los colores. Lo redescubren todo a través de la mirada del otro y renuevan el espectáculo del mundo.

Sin grandes alborotos, nos invitan a compartir su descubrimiento del día a día. La vida y también la muerte tienen su espacio en esta bonita historia.

Permítanme acabar ofreciéndoles un divertido e instructivo juego. Vean esta película, francesa-europea, deléitense con ella y, luego vean “Ahora o nunca”, norteamericana, también recomendada en este espacio cultural, y comprenderán que hay dos formas de entender el mundo, la vida y la muerte. Además de un cine para la diversión y otro que divierte y educa en valores.