Hace solo cuarenta años, la imagen de la población española en el mundo podía simbolizarse en el rostro demacrado, la mirada perdida y la maleta de cartón de los miles de emigrantes que buscaban en las naciones más desarrolladas de Europa las oportunidades que les negaba su tierra. Hoy, Mercedes García y miles de profesionales bien formados, con valores solidarios y espíritu emprendedor como ella, constituyen la nueva imagen de España ante el mundo. Una imagen por la que debemos sentirnos orgullosos.

En el año 2004 José Luís Rodríguez Zapatero anunció un cambio profundo y estratégico en la política exterior española respecto a la etapa dirigida por José María Aznar y el Partido Popular. Se trataba simplemente de aplicar una política exterior en consonancia con los intereses de España y los valores predominantes en nuestra sociedad.

La foto de las Azores, la participación de tropas españolas en el desastre de Irak, la conquista esperpéntica de la isla de Perejil o el desencuentro permanente con nuestros aliados europeos tradicionales, constituyeron los hitos de la acción diplomática española con Gobierno de la derecha entre los años 1996 y 2004. Ni los intereses colectivos ni los valores mayoritarios entre los españoles podían verse representados en estas iniciativas.

En la actualidad, España es conocida en el mundo por la iniciativa de la Alianza de las Civilizaciones -impulsada por nuestro Gobierno y asumida por Naciones Unidas-; por la presencia de nuestras tropas en misiones de paz en los Balcanes, en Afganistán o en el Líbano; por ser el país que en mayor proporción ha incrementado su presupuesto de ayuda y cooperación para el desarrollo –ya estamos en el 0,5% del PIB y el PSOE compromete llegar al 0,7% en la próxima legislatura-; y por nuestros cooperantes. Por su número, por su profesionalidad y por su entrega.

Mercedes García se encontraba en Bossaso (Somalia) atendiendo a más de siete mil niños desnutridos y enfermos de cólera. Cerca de treinta mil cooperantes españoles más desarrollan su labor actualmente en Africa, Iberoamérica y Asia, cuidando enfermos, distribuyendo comida y alimentos, edificando viviendas, estableciendo suministro de agua, educando a niños y niñas, defendiendo los derechos humanos, promoviendo la igualdad entre hombres y mujeres…

Muchos de ellos, como Mercedes, ejercen la solidaridad al precio de un sacrificio personal muy importante. Vidas familiares relegadas, carreras profesionales postergadas, pérdidas económicas… Por no hablar del riesgo vital que corren estas personas, enfrentadas cada día a enfermedades infecciosas y a conflictos armados permanentes. De hecho, durante los últimos diez años, cuarenta y siete cooperantes españoles han sido víctimas de secuestros y hasta doce de ellos han muerto en el ejercicio de su actividad en Zaire, Ruanda, Burkina Faso, Guinea Ecuatorial, Colombia y Chechenia.

Por vez primera en la historia, el Ministerio de Asuntos Exteriores ha añadido a su nombre la Cooperación; se ha aprobado un Estatuto del Cooperante que asegura un conjunto muy importante de derechos a estas personas; y la titular de la Secretaría de Estado para la Cooperación, Leire Pajín, es una mujer de amplio prestigio nacional e internacional y muy apreciada por el sector.

Ellos y ellas son la imagen de la España de hoy. Una España desarrollada y solidaria. Cuidémosles. Y presumamos de ellos.