Los déficit de la Sanidad participan de los déficit públicos. Y la situación económica hoy es grave. Algunos economistas plantean el copago los usuarios.

– La Salud es lo que más valoramos, sobre todo cuando la perdemos.

– Heredamos la gratuidad de las prestaciones medicas de la Dictadura franquista.

– Gratuidad no significa no pagar nada. Lo que no paga la mano derecha, algunas veces lo paga la izquierda.

– Lo que es gratuito no tiene porque ser obligatoriamente lo mejor.

– Millones de españoles pagan mutuas privadas. Los que no lo hacen es sobre todo porque no pueden.

– No es real la igualdad ante la enfermedad. No la garantiza la gratuidad pero ayuda.

– Quien más gana más consume Medicina.

– Actualmente, el noventa por ciento de lo que cuesta nuestra Salud en el último año de nuestra vida lo abona la sociedad.

– Es evidente que hoy por hoy tardamos años en morir, por lo tanto costamos más.

– En ciertos países europeos se estima que si el enfermo pasa de los ochenta años es preferible economizar que prorrogarle la vida.

– La demografía, los progresos médicos -tecnológicos en particular- y la mejora del acceso a los tratamientos suponen un incremento regular de los presupuestos de Sanidad.

– Esto vale tanto para los sistemas de protección sanitaria financiados por la recaudación de impuestos, como para los que se nutren de aportaciones, cotizaciones, individuales y empresariales.

– La importancia del gasto sanitario es en algunos países igual o superior al presupuesto del Estado, lo que obliga a un control cada día más cerrado, aunque poco eficaz, de los Poderes públicos.

– La Industria y el Comercio que genera la Salud da provechosos beneficios, de los cuales la Sanidad poco recupera. Pero no sería una solución suficiente aunque sí justa.

– El INSALUD es una de las bases del Estado de Bienestar en nuestro país.

– El INSALUD es una forma de solidaridad nacional que debería estar ajena a rivalidades o dogmas políticos. Pero no es el caso, valga el ejemplo de la Comunidad de Madrid.

– Si la Salud no tiene precio, tiene un coste. Y todo coste debe ser sufragado.

– En una sociedad de ciudadanos conscientes de sus derechos y deberes, cada cual debe compartir la responsabilidad de la gestión.

– La solidaridad se debe entender en dos direcciones: de la sociedad hacia el individuo que lo necesita, del individuo hacia su sociedad.

– Que el enfermo participe en el coste de su tratamiento debe considerarse como una posibilidad de materializar la corresponsabilidad, pero no de equilibrar un presupuesto, lo que constituiría una incitación a su desmadre.

– No puede valer el postulado «el enfermo que más cuesta, más paga».

– El copago se introdujo en el sistema de Seguro de Enfermedad francés, uno de los mejores del mundo en su tiempo, llamándolo «ticket moderador». Por lo tanto su finalidad era sólo responsabilizar el acceso al médico y a los tratamientos. La cosa ha cambiado.

– El copado, una vez instaurado, suele ser transformado por los Poderes públicos en una palanca para compensar los déficits, lo que llega a ser incompatible con un sistema solidario. Pero los Poderes Públicos también recortan las prestaciones y los presupuestos con idéntica finalidad.

– Si no es nada difícil eximir a las bajas o nulas rentas del sistema de copago, el recorte presupuestario ignora brutalmente cualquier matiz de justicia social.

– En tiempos de necesidades económicas, y también de bonanzas, es preferible instaurar un copago a recortar presupuestos de sanidad.

Creo el copago útil, ineluctable, ideológicamente sano, pero de difícil dominio.