A Wilkie Collins lo podemos incardinar en esa generación victoriana de escritores británicos vocacionales. La mayor parte de ellos son, al día de hoy, puntos de referencia de una literatura que ha levantado pasiones hasta nuestros días. Collins fue coetáneo y gran amigo de Dickens. Ambos tuvieron la dicha de conocer el éxito durante su carrera literaria. Posiblemente sea “La Piedra Lunar” su obra más conocida, una excelente novela policíaca que inicia un género muy bien valorado por el público. Tuvo muchos más éxitos, y un buen ejemplo es “La Dama de Blanco”. Sin embargo, al final de su carrera inició un lento y tortuoso declive. Algunos dicen que debido a su adicción al opio.

La gran protagonista de “Corazón y ciencia” es Carmina, una chica joven, huérfana y única heredera de la fortuna de su padre. Aunque es italiana de nacimiento, debe viajar a Inglaterra y someterse a la tutela de su tía, la señora Gallilee, hasta que cumpla la mayoría de edad o se case. La vida en Londres es más llevadera, e incluso podríamos decir que más dulce, gracias a sus primas Maria, una señorita modelo de la buena educación victoriana; la pequeña Zo, rebelde, expansiva y natural con cualquier persona, y Ovid, el hermano mayor de éstas, afamado y prestigioso médico que se enamora perdidamente de ella.

Sin embargo, las ambiciones y envidias familiares terminarán por enrarecer el clima de la familia. Además, la presencia siniestra del doctor Benjulia, dedicado en cuerpo y alma a la vivisección, planea constantemente sobre la vida de las muchachas.

“Corazón y ciencia” es una novela modelo de Wilkie Collins, con todos los requisitos e ingredientes. La lista de personajes es extensa y, como si fuera un mosaico de la complejidad humana, cada uno de ellos encarna una virtud o un vicio. Todos ellos son diseccionados y quedan retratados a la perfección con una acertada descripción de sus sentimientos y comportamientos, dando lugar a unos personajes que abarcan, como si fuera un péndulo, desde el inocentón pero resolutivo señor Gallilee, hasta el malvado y misterioso doctor Benjulia, pasando por un buen numero de secundarios amables y divertidos, más dickensianos, como el doctor Null o el abogado Mool.

Como uno de los grandes creadores y referentes del canon victoriano, Collins conjuga con acierto intriga, humor y personajes impactantes incardinados en una atmósfera a la que podríamos aplicar el calificativo de decadente. El mismo reconoce con toda claridad en el prefacio que éstas son las cualidades imprescindibles y necesarias de una buena novela que, más allá del realismo dominante, puede ser considerada de ficción. Con esta fórmula, Corazón y ciencia adquiere progresivamente el sentido dramático característico de esta peculiar modalidad de literatura. Además, la novela es una rotunda y certera denuncia social de la ciencia como dogma. En el trasfondo se encuentra la rivalidad entre el conocimiento frío y sistemático, algunos dicen que aséptico, de la ciencia, encarnado en la señora Gallilee, y llevado al extremo por el doctor Benjulia, frente al conocimiento impulsivo, caliente e intuitivo del amor, figurado en Carmina y expresado de forma muy natural en Zo.

La edición de Funambulista vuelve a ser impecable en cuanto a la presentación del volumen en tapa dura, excelente papel, y una esmerada maquetación. Ahora bien, este cuidado formal del envoltorio contrasta con algún que otro despiste en la corrección de la traducción.

En “Corazón y ciencia”, no resulta arriesgado decirlo, encontramos de nuevo el placer de la lectura de los clásicos, dentro de una historia de tintes románticos, peculiar y polémica gracias al punto de vista crítico, y en algunas ocasiones ácido, del autor.