Comenzó el agosto político con una noticia retrasada de julio: la decisión del PSOE de permitir gobernar durante cuatro años más al Sr. Sanz en Navarra. Con el disgusto que se llevaron los socialistas navarros, se les olvidó explicar a su electorado que significaba eso de En Navarra tú decides que constituyó el eslogan de su última campaña electoral, lo que permitirá enriquecer el género de literatura cínica, ya abundante, sobre credibilidad de promesas electorales.

En contraste natural con este enfado, la alegría del renovado presidente navarro le llevó a una reconversión de sus creencias al ver como los socialistas pasaban de abstenerse para ETA a abstenerse para él y, alborozado, se pasó la sesión de investidura sin insultarles, lo que ha llevado a la intuición de algunos analistas a pensar en, incluso, un cambio en la elección de su franquicia política.

Durante el primer tramo del mes, este episodio navarro compartió actualidad con una convocatoria de la Diputación Permanente del Congreso de los Diputados, realizada con el único objeto de pedir la dimisión y/o el cese de la Ministra de Fomento.

El motivo era la acumulación de incidentes en el funcionamiento de las infraestructuras en Cataluña en forma tan reiterativa que recordaban las famosas chapuzas (¿recuerdan?) de la Expo de Sevilla en 1.992, que contrastaron con la brillantez con la que se resolvieron todos los actos de la Olimpiada de Barcelona.

Y como en aquella ocasión los responsables eran andaluces, en esta la responsable también debía serlo, bien se tratara de transportes públicos o de electricidad privada, por lo que Doña Magdalena Álvarez fue convocada por los señores Diputados de guardia para comunicarle, por mayoría, que celebrarían mucho que dejara de ser Ministra de Fomento.

En la convocatoria, la Ministra les recordó a los Sres. Diputados dos cosas obvias: la primera, la cuantía de los presupuestos que ha invertido el Estado en los últimos años en Cataluña. Cosa que, a no ser que se hayan hecho con fondos reservados, los Sres. Diputados deberían ya conocer por haberse aprobado, precisamente, por ellos mismos con ocasión de las más recientes Leyes de Presupuestos.

Y la segunda, que el Congreso elige, y cesa, Presidentes de Gobierno pero no Ministros y que, en este caso, no vale la norma de que «quien puede lo mas, puede lo menos».

Así pues, desde el punto de vista de la solución inmediata de los problemas, la sesión resultó frustrante, ya que la única solución propuesta, el citado cese/dimisión de la Ministra, no se produjo, y ello a pesar de que la propia Doña Magdalena llegó a esbozar un oscuro deseo de que el Presidente del Gobierno la liberara de sus actuales responsabilidades.

Quizás concernido por esa llamada de la Ministra a esa especie de eutanasia política que parecía reclamar, acudió Don Mariano Rajoy, eso si, una vez acabadas sus vacaciones, para pedir al Presidente del Gobierno que explicara porqué no la cesaba.

Y aquí pudimos apreciar como funcionan las actuaciones de política virtual: en forma de acciones de doble etapa. En la primera etapa se anuncia que se va a hacer algo, y en la segunda se hace. Así, Don Mariano un fin de semana dijo que el siguiente lunes iba a pedir la comparecencia del Presidente del Gobierno en el Congreso de los Diputados (primera etapa), y el lunes, efectivamente, la pidió (segunda etapa).

En estas se la prometía tan felices Don Mariano con su iniciativa política cuando aparece Don Alberto Ruiz Gallardón con la suya, reclamando un puesto en las listas al Congreso, eso si, a la mayor gloria de su líder indiscutible. Como dijo después el demandante, nada extraño debería haber tenido la reiteración de una reclamación que ya había hecho otras veces. Ni siquiera porque él mismo hubiera advertido que ya no iba a volver sobre el tema, cosa que, en estos asuntos, suele tratarse mas de una fórmula de estilo que de algo que tenga la vocación de ser creído al pié de la letra.

Y, sin embargo, con Doña Magdalena ya fuera de la escena política, los focos iluminaron a Don Alberto que, con sus compañeros de partido haciendo de coro contrapuntístico y con sus otros adversarios políticos partiéndose de risa, recordó los méritos que le adornan para empeñarse en su proyecto político más querido: ayudar a Mariano Rajoy a ganar las próximas elecciones.

Entre otros méritos ya conocidos, como su disponibilidad permanente al partido y sus éxitos electorales, entre otros, nos ilustró con otro nuevo, al que creo que no se le ha prestado suficiente atención: el beneficio que, para los madrileños, supondrá tener a su Alcalde en el Congreso.

Ni Tierno Galván, ni Barranco, ni Rodríguez Sahagún, ni Álvarez del Manzano llegaron a defender plenamente, ahora lo sabemos, los intereses de los madrileños, porque jamás pidieron que su partido político les propusiera, siendo Alcaldes, para ser Diputados con objeto de llevar la voz de los madrileños al Congreso de los Diputados, como ahora si ha hecho Ruiz Gallardón.

Podría pensarse que tiene razón Don Alberto. Sin entrar en farragosos argumentos de ciencia política, los intereses de los madrileños los defiende mejor un Alcalde que un Concejal, y mejor un Diputado que un Alcalde. También los puede defender mejor un Presidente del Gobierno que un Diputado, pero esa es otra historia. (Por cierto, ¿es otra historia?). Claro que alguien también podría pensar que los defiende mejor un Jefe de Estado que un Presidente de Gobierno. Y…. ¿Que madrileño querría poner límite a la defensa de sus intereses?

El problema, al menos para mi es: ¿Y que hacemos los de Guadarrama?. Pues pedir a nuestro Alcalde, que además es del mismo partido que Don Alberto, que reclame un puesto en las próximas listas al Congreso para que lleve allí nuestra voz.

Si el asunto prospera, estoy seguro de que podrían buscarse soluciones para resolver el problema de que mas de 8.000 Alcaldes españoles quisieran ser diputados, bien por la vía del sorteo (ya se empleó en Atenas y no por ello dejó de ser cuna de la democracia), por la de la rotación o por el aumento del número de escaños en el Congreso.

Pero resuelto ese problema, lo demás serían ventajas: la primera sería un ahorro del gasto público, al hacer coincidir cargos en las mismas personas. La segunda sería el hacer la reforma definitiva del Senado: podría suprimirse perfectamente al haber logrado en el Congreso el tener una representación territorial perfecta, que hiciera innecesaria cualquier otra cámara de representación territorial.

Así pues, dada la novedad de la línea argumental que ha empleado el Sr. Ruiz Gallardón para preguntar a su partido que como va lo suyo, estimo que debería profundizarse en ello por instituciones mas solventes, quizás el Consejo de Estado, para evitar, en todo caso, que se cegara una vía a la formulación definitiva de nuestro modelo de Estado, tradición española de mayor raigambre, incluso, que las divisiones internas de sus partidos políticos.

Por lo demás, el final del verano político, es decir la visita a Marivent del Presidente del Gobierno, nos trajo la “garantía” de este (El País dixit) de que España estaba a salvo de la crisis financiera, por lo que tampoco en este terreno había que esperar grandes novedades.

En resumen, a expensas de lo que nos depare septiembre, el Sr. Sanz sigue siendo Presidente de Navarra, la Sra. Álvarez Ministra de Fomento, el Sr. Rajoy Jefe de la Oposición y el Sr. Ruiz Gallardón “visir que quería ser califa”. Nada nuevo.