El pasado día 13 de abril un terrorista sanguinario llamado Antonio Troitiño fue excarcelado por orden judicial seis años antes de cumplir los 30 que le correspondían por condena. Las víctimas de este criminal se sintieron justamente ultrajadas, y todos los ciudadanos reclamamos explicaciones, rectificaciones y responsabilidades. Pero el asesino salió de la cárcel con todos los parabienes de la Justicia, huyó y aún no ha vuelto a la cárcel.

¿Quién se hace responsable? Los jueces de la sección tercera de la Audiencia Nacional excarcelaron al etarra aplicando un criterio erróneo, como se deduce de su posterior rectificación tardía. El presidente de la sala de lo penal de la misma Audiencia convocó la reunión que debía corregir el error para después de Semana Santa, ¡porque los señores jueces estaban de vacaciones! Y el Tribunal Supremo publicó el día 18 de abril la sentencia que hubiera impedido la aplicación de aquel criterio equivocado, ¡tres semanas después de haber sido dictada!

No sabemos quién es el responsable último de este desastre, si los jueces de la sección, si el juez-presidente de la sala o si los jueces del Supremo. Solo sabemos que si hubiera escapado de la cárcel, el director del penitenciario hace días que estaría de patitas en la calle y probablemente encausado por alguno de aquellos jueces. Si el culpable hubiera sido un responsable policial o el propio Ministro del Interior, hubiera tenido que dimitir ipso facto y se le estaría persiguiendo hasta el día del Jucio Final.

Sin embargo, hemos escuchado a los jueces, a los «conservadores» y a los «progresistas», y ellos que disienten cada día en casi todo, cuando se trata de repartir cargos; en ésto, en la defensa corporativa de sus compañeros cogidos en un tropiezo descomunal, se muestran de acuerdo en que «no hay lugar a la reclamación de responsabilidades».

Pues yo creo que sí. Y muchos españoles más también. Que dimitan. Los de la sección tercera, los de la sala, los del Supremo, y cuantos hayan tenido que ver con este insulto a la sensibilidad de las víctimas y al más elemental sentido de la Justicia. Que dimitan ya.

Y algo más. Una cosa es aguantar la hipocresía de Trillo, Cospedal y compañía, que reclaman responsabilidades por la excarcelación de Troitiño a quien no la tiene, o sea el Ministro del Interior, que se ha limitado a cumplir las disposiciones de la Justicia, para liberar a quienes los jueces hicieron libre un día, y para buscar a quienes los jueces hicieron reo de búsqueda un día después. Hipocresía lamentable, porque ellos saben que el Ministro y los policías hicieron lo que debían hacer. Y cogerán de nuevo al etarra. Seguro.

Pero otra cosa bien distinta es aguantar la última vomitada de Mayor Oreja, asegurando que la liberación de Troitiño tiene que ver con supuestas connivencias del Gobierno de España con los terroristas. Se trata de un exabrupto impropio incluso de quien sabe bien que se le pasó el arroz y busca desesperada y ridículamente un nuevo lugar al sol de la atención informativa. Este señor ha calumniado al Gobierno de España, acusándole de cometer delitos, entre otros el de colaboración con banda armada. Falsamente y sin pruebas. Entiendo que es sufiente para que el fiscal investigue estas acusaciones y actúe contra su autor.

La supremacía del Estado de Derecho frente al terrorismo también pasa por acabar con tanta impunidad lamentable.