Distinto es, claro está, el nuevo hiperrealismo al que nos someten los especuladores. Entre el sexo y la ginecología o la andrología hay un salto cualitativo. La economía nos quiere hacer olvidar el amor, el erotismo y hasta el sexo. Ahora es pura y dura fisiología. Por eso el nuevo sistema que se alumbra es probable que nazca por cesárea (con el desempleo y el miedo al desempleo como epidural de la soberanía popular). Hay protestas y cierto es que fabricamos nuestra historia. Pero las palancas para transmitir la fuerza de la voluntad del pueblo en democracia son los partidos y los sindicatos. Y las palancas mayoritarias hace tiempo que están rotas; las múltiples que nacen son fragmentarias (nacionalismos) u oportunistas (ya saben quienes, para que decir). El modo como llegamos al hiperrealismo actual merece una explicación y contar una historia. Muy breve y seguramente sesgada.

El corazón de la izquierda siempre fue un motor de dos tiempos. Un ritmo histórico con dos movimientos: sístole regido por el principio de realidad (Freud); diástole, por el principio esperanza (Bloch). Y así, tanto Marx como Pablo Iglesias y otros del lado del pueblo, sabían que solamente se puede avanzar entre la esperanza y la realidad. La esperanza permite imaginar e ilusionar para sobrellevar los sacrificios del cambio. La realidad, establecer las condiciones que la permiten transformar, haciendo posible lo que no lo parecía.

Y así, para venir a este estado hiperrealista en que nos encontramos partimos de un camino que se bifurcaba en dos senderos. Comenzamos el andar por la palabra clave RESPONSABILIDAD. El ejercicio de la responsabilidad histórica. Así, el corazón socialista recibió su primera angina de pecho cuando un Felipe González sobrado de sí mismo obligó a renegar del marxismo al PSOE. Un rasgo de responsabilidad que honra a quien nunca fue marxista aún cuando lo jure, que no lo jura. Por aquella época de los 80, Miguel Boyer navegó varios años bajo bandera de conveniencia socialista, hasta recalar en Isla Tortuga (también llamada AEB) donde disfrutaría por muchos años del Botín junto a otros banqueros. Con “patente de corso”, se dedicó a despejar de obstáculos y problemas los mares financieros españoles, para que la banca franquista no encallara en la nueva democracia. Seguramente que tiene el carnet socialista colgado de la pared; es una buena anécdota que contar a los invitados entre bombón y bombón. Santiago Carrillo, patentaba el eurocomunismo en un antecedente claro del “cómo me la maravillaría yo” de Lola Flores. Y así, pasando por la entrada en la OTAN, con más sístole que diástole, fuimos quemando etapas y generaciones de jóvenes, hasta llegar a un REALISMO de “gato negro o gato blanco”. En la misma cayó el telón de acero y se expusieron las vergüenzas de un comunismo tan falsificado como la igualdad de oportunidades que predican los conservadores liberales. Para cuando llegó Roldan y Cía, los más jóvenes solamente querían ser Mario Conde, como el CIS demostraba. Y ya acostumbrados a los felinos, el gato por liebre de las primarias les quebró el corazón a los que aún se ilusionaban.

Cuando llego Aznar vendiendo PRAGMATISMO como “realidad de la buena”, la ley de Say por fin encontró ejemplo ideológico en la tierra. Y por hay vino el ¡ay! de los “progres trasnochados” como yo mismo. Tantas generaciones acumuladas con el corazón parado en sístole. Sin ilusión, no esperan ni promesas. Son mayoría en tantos sitios. Creen que apoyar al lobo les convierte en lobos, y terminamos siendo un país de corderos feroces. Por ello es síntoma el festín de piel y sexo de la campaña catalana. Ya no hay que prometer hasta meter (la papeleta en la urna). Con meter basta. O viceversa, que pensará pícaro más de un economista ultraliberal.

Por último, el sendero equivocado nos llevó al HIPERREALISMO donde estamos ahora. Del es así y es ya. El mercado financiero es especulador, las guerras necesarias, los inmigrantes prescindibles, los gobiernos dicen una cosa y hacen otra (Wikileaks), el dinero manda, la solidaridad es de ilusos, etc y etc. Todo parece tan natural. En este escenario Zapatero se esfuerza en demostrar al mundo que somos PIGS, pero de bellota, mientras el Partido Popular se acoda “a ver los bancos venir, a ver los bancos venir, a ver la crisis pasar…”. Eso sí, un poco desesperados por la prisa en dirigir este desesperanzado país.