Es verdad que ya se han traducido sus principales novelas, sin embargo, Machado de Assis, un clásico de la literatura iberoamericana del siglo XIX, sigue siendo uno de los grandes desconocidos para el lector español. En esta original recopilación de cuentos nos encontramos con una auténtica galería que fluye como un péndulo entre el realismo de situación y el desborde fantástico. No resulta arriesgado afirmar que, algunos de ellos (“Anécdota pecuniaria”, “Singular coincidencia”, “Una señora”, etc.) se encuentran entre lo mejor de una producción que posee los matices de la creatividad y la exuberancia.

Sin caer en lo rancio y apolillado, Machado de Assis es un moralista, un hombre que posee una gran sensibilidad por todo lo que se deriva de las pasiones en el acontecer cotidiano de las personas. Dicho en otros términos, su objetivo no es estimular la virtud y sacar el látigo contra el vicio como generalmente se suele hacer. La envidia, la codicia, la infidelidad o la cólera son realidades en las que se adentra y disecciona con la curiosidad de un entomólogo. El resultado final del experimento generalmente suele ser la infidelidad del individuo sometido a sus bajas inclinaciones. Ahora bien, y que quede bien claro, nunca es pretensión suya dar lecciones de moralidad o adoctrinar, más bien lo que persigue es arrojar luz y dar cuenta de su observación. Y todo ello revestido por un sentido del humor y por una ironía que crean distancia con historias que, en manos de otro escritor, nos ubicarían al borde del pesimismo.

Otro rasgo distintivo es la imaginación, algo embrollada y exuberante. El salto entre cuento y cuento con frecuencia suele ser abismal. Y no solo por lo que respecta al tipo de historias, sino, también, por lo que se refiere al abanico de técnicas desplegadas. Y es que, a diferencia de tantos escritores del siglo XIX, Machado de Assis no se limita a utilizar el tan frecuente y manido punto de vista realista. Algunos cuentos suyos, posiblemente los más sugerentes, disparatan alrededor de una teoría extravagante sobre el alma. En otros puede imitar, no sin originalidad, el estilo bíblico o el de las crónicas renacentistas, contar una historia a partir de una charla de café o de un testamento de tintes surrealistas. La acumulación de lecturas de la que hace gala en muchas narraciones nos pone de manifiesto, además, una singular preocupación cosmopolita que sólo se advierte en ciertos países periféricos. Como el argentino Borges, Machado de Assis se siente muy vinculado con toda la tradición cultural occidental, a la vez que tiene muy presentes las cosas puramente locales.

Alegre y reflexivo, culto y vitalista, el universo de Machado de Assis posee como nota distintiva la invención: lo mismo se recrea en los detalles de la buena sociedad fluminense que nos aparece con una historia estrambótica de la inteligencia superior de las arañas. La ensoñación y la irracionalidad son temas que entran y salen de las cabezas de sus personajes, algunos completamente sumidos en sus quimeras y otros cuya única obsesión es escapar de la mediocridad mediante ilusiones.

Susan Sontag consideraba a Machado de Assis una de las mejores plumas de todo el siglo XIX y la mayor de toda Iberoamérica. La obra de este contemporáneo de Dickens, Flaubert o Chéjov nos asombra por su actualidad, sin que ello suponga un alejamiento de los grandes nombres clásicos.