Vistas las cosas desde el presente, es una pena que los años de la euforia no se aprovecharan mejor para acabar con varios arcaísmos y disfuncionalidades, por ejemplo, de nuestra estructura burocrática, de la maraña legislativa y de la proverbial ineficacia y lentitud de nuestro sistema judicial. Desde muchos puntos de vista, los dislates burocráticos que todos sufrimos recurrentemente en nuestra vida cotidiana, o la bochornosa actualidad de la famosa maldición gitana –“juicios tengas, aunque los ganes”- era algo que teníamos que haber logrado atajar y desterrar de la geografía española hace años.

Todo esto vuelve a ponerse de actualidad en momentos como los actuales, en los que los problemas y las dificultades son analizadas con lupa. Lo cual debilita objetivamente la posición de España y nos hace menos creíbles y fiables, por ejemplo, para atraer inversiones, o para facilitar la recuperación económica y propiciar los climas de confianza y de buena funcionalidad que se necesitan.

Resulta muy significativo, en este sentido, que en una reciente Encuesta realizada por la Cámara de Comercio alemana en España, cuando se pregunta a los empresarios alemanes afincados en este país “¿qué medidas –piensan- que debería tomar el gobierno español para aumentar el atractivo del país para inversiones extrajeras?”, del total de las trece medidas indicadas, ocho se refieren directamente a cuestiones de buena funcionalidad, simplificación y claridad. Y otras lo hacen indirectamente.

Buena parte de los empresarios alemanes reclaman menos burocracia, simplificación de normas y procedimientos laborales, más flexibilidad, mejora de la eficiencia y la rapidez de la Justicia, simplificación de la regulación fiscal, mejora de la comunicación con inversores extranjeros, armonización fiscal, etc. En este capítulo de sugerencias, mención aparte merece lo que se refiere a la mejora de la colaboración entre Universidades y Empresas y todo lo que concierne a las carencias de nuestro sistema educativo. Sistema sometido a un cambio normativo continuo y a las veleidades y ocurrencias permanentes de los titulares de turno.

¿Por qué no se ha hecho frente a todo esto en los últimos años? ¿Por qué no se aprovecha el momento actual para encaminarnos decididamente por la senda de los países serios y avanzados?

En una viñeta humorística reciente –o quizás era en un artículo de opinión serio, no lo sé- alguien se quejaba angustiado de la densidad burocrática-normativa a la que se ven sometidos continuamente los emprendedores, los empresarios o cualquier ciudadano medio cuando tiene que realizar algún trámite y gestión, y pedía –por favor- que no se crearan más “ventanillas únicas”, ya que cada vez que se volvía a recuperar esta “promesa permanente”, lo que en realidad se hacía era añadir un nuevo trámite o gestión a los anteriores ya existentes.

¿Por qué razón no se avanza decididamente en algo tan obvio como el rigor, la claridad funcional y la eficiencia? ¿Quién, o qué, está detrás del enquistamiento de tanta dejación y enmarañamiento?