Quisiera recordar a un hombre bueno, Ángel Alcaide Inchausti, Don Angel, patriarca con su hermano Julio, de la pléyade de los «alcaides», innumerables como las arenas del mar y señores de la estadística y la econometría patria. Don Angel ejercía de vocalista, antes se decía así, en sus clases de primer curso de Análisis Matemático, en una especie de anfiteatro y ante tres mil indocumentados, la mayor parte rebotados de las ingenierías del Plan 64. Ejercía con un altavoz que como los artistas de Gran Parada llevaba colgado del cuello y con un larguísimo cable con el que se enredaba constantemente despertando la hilaridad de los cafres que le escuchábamos y que pese a las risas, en el fondo y en la forma, le apreciábamos y le admirábamos.

Pues bien, en cuarto, Don Angel fue mi cruz y mi calvario con su econometría, calvario que comencé con un examen en el que planteaba una única cuestión. La pregunta era, más o menos, la siguiente ¿por qué razón han perdido las elecciones en Inglaterra los laboristas dando paso a los conservadores, pese a que las encuestas le daban como ganadores?, luego sabríamos que esos conservadores que ganaron estaban capitaneados por Margaret Thatcher No hace falta que diga que no supe responder como ahora, cuarenta años después, no sé explicar por qué las encuestas se cumplieron en las elecciones del pasado domingo pese a que con el sentido de su voto los electores hicieron buenos las salidas de tono de Pedro Castro hace algún tiempo. Abstrayéndonos de las cuestiones econométricas se desprenden del resultado de las elecciones una serie de conclusiones, hipótesis, o rasgos que habría que contrastar y validar.

1. El Partido Popular no ha ganado las elecciones, las elecciones las ha perdido el PSOE. Las elecciones han sido una ocasión para que los ciudadanos ejercieran su voto de castigo votando a partidos minoritarios y a Izquierda Unida y sobre todo para que mostraran su desafección a los socialistas con la abstención como forma de manifestar la disconformidad y el malestar con el Gobierno.

2. Ergo, el Gobierno, la Ejecutiva Federal o las Ejecutivas Regionales lo han hecho mal, bien porque no se han tomado las medidas adecuadas contra la crisis, porque las medidas elegidas entre las posibles han sido las que más agredían a los electores, o porque no se han sabido explicar a los ciudadanos, o simplemente porque las campañas electorales no han sido las adecuadas.

3. El Partido, los socialistas, hemos perdido nuestra imagen como referente de la izquierda y del progresismo en el país. Nuestro discurso, nuestro programa, nuestros planteamientos ideológicos, no responden a los intereses de las clases populares, se han quedado obsoletos, no han sido capaces de evolucionar de acuerdo con los acelerados cambios de un mundo globalizado. Produciéndose como consecuencia un divorcio entre pueblo y partido.

En todo caso, ante la situación, parece necesaria la autocritica y la adopción de medidas extraordinarias que nos hagan recuperar el papel de referente de las clases populares que los socialistas siempre hemos representado y que son la razón de nuestra existencia. Para ello y en consecuencia parece necesario y se desprende de las anteriores evidencias la necesidad de adoptar las siguientes medidas:

1. Buscar el reconocimiento de los ciudadanos convirtiendo al partido en el instrumento para lograr una sociedad más justa y solidaria al servicio de las clases populares.

2. Asumir las propias responsabilidades y efectuar las renovaciones en los órganos del partido que sean necesarias.

3. Someterse a un profundo debate ideológico que defina el papel de los socialistas en el mundo actual, cambiando, si es necesario, nuestra actitud pactista por una reformista que nos permita profundizar en la reforma y mejora de la sociedad poniendo coto a la explotación del hombre por el hombre a nivel global que caracteriza el mundo actual.

Los fines parecen claros y necesarios, lo complicado es decidir los caminos para lograrlos dada la complejidad social y la globalización que interrelaciona instituciones, poderes, fuerzas económicas y que condiciona y limita la capacidad de gobierno de los poderes públicos.

Permítaseme que como conclusión retorne a la vena nostálgica que hoy me domina y siga recordando anécdotas econométricas.

En mis primeros años de facultad pasaba los veranos en Santa Cruz de Tenerife donde vivía mi familia y mataba las tardes yendo a la biblioteca municipal a hojear lo que por entonces me parecía más atractivo. Índice, Cuadernos, el National Geografic, Triunfo y sobre todo «La Codorniz». Pues bien en aquella Codorniz de finales de los sesenta salió una humorada estadístico econométrica que luego influyó en mí visión de la economía y de la política económica mucho más que muchos de los libros y manuales que he tenido que leer. Contaba el autor que el Ministerio de Agricultura había realizado una encuesta entre las granjas avícolas de España y que había descubierto que aquellas donde las gallinas eran más ponedoras coincidían con las granjas donde sus propietarios usaban boina. En consecuencia el Ministro de Agricultura había ordenada que como medida de fomento de la producción avícola española, que se repartieran boinas entre los propietarios de explotaciones avícolas. La conclusión política evidentemente es errónea aunque la metodología estadística empleada para justificarla pueda ser metodológicamente perfecta.

Mi miedo, el de muchos socialistas, es que después de sesudos estudios, argumentados y razonados, procesos lógicos y complicados análisis electorales, nos conformemos con un reparto de boinas sin abordar los auténticos problemas que tiene el PSOE.