“En Valladolid aprendí a hablar. Aquellas voces que arrullaron mi infancia y fueron el germen de mi expresión futura”. “Yo he sido fiel a Valladolid porque lo necesito. Si no tengo a Valladolid me quedo sin base”.

Estas son algunas de las afirmaciones, de trazo fuerte, con las que Delibes, el novelista de Castilla y el novelista de la naturaleza, se refiere a la ciudad en la que nació en 1920 y donde ha vivido toda su vida. Valladolid es, además, su escenario vital y el espacio de la mayoría de sus escritos. Tanto Valladolid como Castilla son el fondo y el motivo de su literatura y, también, de sus preocupaciones humanas, sociales y cívicas. En ambas, no resulta arriesgado decirlo, se han dado estrechamente la mano ética y estética.

Con vocación de homenaje a su figura y a su legado, Ramón García Domínguez, autor de “El quiosco de los helados”, una de las mejores aproximaciones a la biografía de Delibes, es el artífice de esta edición en la que se hace un repaso exhaustivo de toda su obra, desde su primera novela, “La sombra del ciprés es alagartada” (1947), hasta su último y más ambicioso trabajo narrativo, “El Hereje” (1998). Nos encontramos ante un rastreante recorrido por lo mucho que el autor vallisoletano ha escrito sobre su tierra. En él se nos ofrece una antología de textos que se acompañan de más de un centenar de magníficas fotografías que reflejan la evolución de Valladolid y de alguno de sus rincones más emblemáticos.

Ramón García ha dividido su antología en cuatro partes. En la primera, “Mi ciudad, mi provincia, mi gente”, reúne textos sobre Valladolid y su provincia entresacados de sus artículos de prensa, discursos, conferencias y guiones de televisión. La segunda, “Semblanzas”, la componen una serie de relatos, auténticos retratos sentimentales, donde Delibes habla de los vallisoletanos con los que ha tenido una relación muy especial, como, por ejemplo, Jorge Guillén, Rosa Chacel, Paco Pino, Francisco Umbral, José Jiménez Lozano y José Luis Martín Descalzo. La tercera parte, “Recuerdos y nostalgias”, está formada por evocaciones, lugares, anécdotas relacionadas con su biografía y que aparecen en sus entrañables libros dedicados a la caza, una de sus grandes pasiones que explica su caracterización como “cazador que escribe antes que un escritor que caza”. Por último, Narraciones, es una antología de textos que proceden de sus novelas y cuentos en donde se alude explícita o tácitamente a Valladolid.

Si hay algo que define la literatura de Delibes, que prolonga y renueva el realismo tradicional, es su tremendo afecto y su fidelidad a unos personajes y a un paisaje desde los que emerge una dimensión universal. Unos personajes cortados casi en su totalidad por un patrón: son perdedores que habitan en un mundo condenado a la desaparición, pero que nunca venden la dignidad que los hace humanos. Y un paisaje donde Castilla y Valladolid tienen un peso específico, como estos magníficos textos y esta magnífica edición se encargan de demostrar.